Ganase uno u otro, los escenarios de cambio para el país estarían asegurados de un modo doble:
Haciendo todas las reformas imprescindibles del Estado y la economía para estabilizar la moneda y obtener la más alta productividad
Cuidando a los trabajadores ocupados y desocupados al mejor modo peronista pero por fuera del Estado y de las empresas
En este razonamiento se excluyen los egos y los deseos presidencialistas personales, en favor de la posibilidad de lograr un cambio real de la Argentina, en las condiciones más favorables y menos dolorosas posibles.
Cada uno de los implicados en la coalición tiene de todos modos una misión indelegable:
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Mauricio Macri debe renovar su vocación de líder popular, tal como supo hacerlo en Boca Juniors y como, hasta el último momento de desesperada incorporación de Miguel Pichetto, se negó a hacerlo rechazando liderar al peronismo huérfano;
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Juan Schiaretti, un gobernador ejemplar, debe lavar al peronismo del mal nombre que le dejó el kirchnerismo, recordar a los votantes que el peronismo de Carlos Menem fue el primero de encontrar la fórmula del éxito aliándose con el liberalismo y dejando que Domingo Cavallo reorganizase la economía con un sello profundamente liberal, logrando así una década de estabilidad y progreso que se puede y debe repetir
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Javier Milei, el líder que tanto atrae a los jóvenes y muy particularmente a la golpeada, maltratada y no educada juventud popular de adhesión peronista, puede hacer el milagro de que las nuevas generaciones puedan ser a la vez peronistas y liberales. Como prácticamente el único líder que en la última década reivindicó el éxito Menem-Cavallo, puede recordar a los jóvenes votantes, además de las ventajas que les ofrecerá una economía libre, que el peronismo verdadero fue siempre una organización libre de trabajadores y aspirantes al trabajo, independiente del Estado, y que se puede tener, a la vez, una economía liberal y una alta protección y seguridad en el trabajo.
En la desesperanzada Argentina actual, debería esperanzar la idea de una coalición liberal que uniese las ideas y esfuerzos de los tres sectores más compatibles y honestos en su deseo de regreso a una Argentina grande y feliz.
Esta coalición liberal permitiría además que el resto del espacio político se ordene con las otras dos coaliciones tradicionales:
- la de la socialdemocracia que incluye al radicalismo, a la Coalición Cívica, y a fragmentos del PRO y del peronismo; y
- la del izquierdismo setentista y el tradicional.
Éste es un nuevo modo de ver el espacio político. No es una utopía, sino la conclusión histórica de las dos tendencias tradicionales del peronismo y el liberalismo que confluyeron hasta unirse en los años '90, unión derrotada después en el 2001. Esta derrota marcó un regreso a la desunión y al enfrentamiento y sobre todo, al fracaso.
Aprendida la lección, sólo queda como solución el regreso inteligente a la unión que creó el éxito y que nunca se debió abandonar.
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