Toda operación de cambio de sexo corre el riesgo de atentar contra la dignidad única desde el momento de la concepción. Toda operación de cambio de sexo corre el riesgo de atentar contra la dignidad única desde el momento de la concepción.
El documento rechaza las cirugías de transición de género, y solamente acepta que las anomalías genitales presentes en el nacimiento o que se desarrollan más tarde, se resuelvan con ayuda de médicos.
Además, el Vaticano se pronunció en contra del aborto porque entiende que la dignidad de todo ser humano tiene “un carácter intrínseco y vale desde el momento de su concepción hasta su muerte natural”. Citando a San Juan Pablo II señala que “el aborto provocado presenta características que lo hacen particularmente grave y deplorable”.
Hoy, en la conciencia de muchos, la percepción de su gravedad se ha ido oscureciendo progresivamente. La aceptación del aborto en la mentalidad, en la costumbre y en el derecho mismo, es un signo elocuente de una crisis muy peligrosa del sentido moral, que se vuelve cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida, concluye el documento. Hoy, en la conciencia de muchos, la percepción de su gravedad se ha ido oscureciendo progresivamente. La aceptación del aborto en la mentalidad, en la costumbre y en el derecho mismo, es un signo elocuente de una crisis muy peligrosa del sentido moral, que se vuelve cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida, concluye el documento.
Otro de los fenómenos que atenta contra la dignidad de los seres humanos es "la pobreza extrema, ligada a la distribución desigual de la riqueza”. El documento cita a Benedicto XVI, el Papa Emérito Joseph Ratzinger, quien afirmó que “la riqueza mundial crece en términos absolutos, pero por las disparidades en los países ricos, nuevas categorías sociales se empobrecen y surgen nuevas formas de pobreza”.
El Vaticano afirma que “hay que reconocer que no hay peor pobreza que la que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo. Todos somos responsables de esta flagrante desigualad”.
Por último, el documento detalla que otra tragedia va en contra de la dignidad humana es la guerra, y en este sentido agrega que “La íntima relación que existe entre fe y dignidad humana, hace que en última instancia resulte contradictorio que la guerra se base en convicciones religiosas. La guerra en nombre de la religión es una guerra contra la religión misma".
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