Meses después del hecho y con una policía local frustrada, la Justicia argentina decidió recurrir a un recurso extraordinario. En ese entonces, y por gestiones de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, un equipo del FBI fue enviado por el Gobierno estadounidense a la escena del crimen para colaborar con métodos de alta complejidad.
De su inspección ocular surgieron varios informes que tardaron hasta 3 años en llegar al país. El más contundente reveló que en la escena del crimen hubo al menos dos personas más (de las 28 relevadas), cuya identidad se desconoce, además de los imputados (ahora Marcelo Macarrón).
Cabe recordar que la causa comenzó teniendo como sospechoso al pintor Gastón Zárate, quien fue inculpado por su presencia en el domicilio el día del crimen. Esta hipótesis fue descartada meses más tarde ante la falta de pruebas.
Tiempo más tarde fue Facundo Macarrón el apuntado por la Justicia. Sin embargo, el hijo de la pareja demostró que no estuvo en el lugar al momento de la muerte de Nora Dalmasso.
Tiempo después, la investigación del FBI apuntó los cañones contra el marido de la víctima. Llevada a cabo en aquel entonces por el fiscal Javier Di Santo, reveló que el asesino podría estar aún en el anonimato ya que no se trataría de alguien conocido.
Por ello, es que el ahora fiscal de la causa, Javier Pizarro, apunta contra Marcelo Macarrón, por un crimen presuntamente perpetrado por sicarios.
Cabe recordar que el viudo de Nora Dalmasso se encontraba jugando al golf en Punta del Este al momento del crimen. Actualmente, se encuentra imputado por homicidio agravado por el vínculo, por alevosía, por precio o promesa remuneratoria.
“Esto ha sido un calvario si no me he suicidado hasta ahora es solo por mis hijos”, señaló Macarrón en la segunda jornada del juicio que tardó más de 15 años en arrancar. Ahora, la Justicia podría ser servida, aunque podría ser demasiado tarde.