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Por eso, la legisladora deberá demostrar solvencia en muy corto plazo. Tal vez así se consiga un pasaje hacia el próximo año, ese que marcará el final de una era en el peronismo cordobés.
Justamente ese recambio generacional, que en caso de victoria tendrá a Martín Llaryora como nuevo líder, le abre la ventana a cientos de dirigentes que querrán ocupar los lugares que “la vieja guardia” vayan dejando atrás. Esos son espacios de poder incalculable dentro de la jurisdicción provincial.
Aunque hay posiciones que no serán libradas con tanta facilidad. De allí devendrán tensiones que probablemente se liberen en un escenario post electoral.
Antes, a Fernández le tocará bailar con una muy difícil: el Mundial. Durante ese evento, la Legislatura cordobesa trabajará arduamente fuera del foco mediático.
Los temas más calientes se discutirán en ese periodo, ya sin el experimentado González manejando los hilos. Una prueba de fuego que, en caso de ser superada por la nueva presidente, será un muy buen pergamino para pegarse al cargo.
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