Para la recta final, donde aún se aguardan algunas compulsas locales, tanto el PJ como Juntos por el Cambio esperan no vivir grandes sobresaltos. Según entienden, la base de campaña ya está en juego y lo que queda de camino corresponde a no permitir que se caigan votos hacia otros espacios.
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En Córdoba, el PJ no se quiere pisar.
Para Hacemos Unidos por Córdoba y Martín Llaryora, el camino conservador es especialmente importante. La hora de la confrontación se va terminando y en el oficialismo procurarían que no explote ninguna bomba a último momento.
Un movimiento que da claridad sobre ello es la baja abrupta del ritmo de campaña que tuvo Juan Schiaretti el fin de semana. El precandidato a presidente estuvo en foco de todos tras su “affaire” con Juntos por el Cambio y comenzó a mover las métricas provinciales.
El peso de esos eventos podrían detonar sismos inesperados para Llaryora, que ya quiere ir cerrando el círculo a su alrededor para comenzar con la vigilia. Y sobre todo negarle combustible a un Juntos por el Cambio que viene por detrás.
En ese sentido, la movida de Juan Schiaretti estuvo a punto de poner en una posición muy cómoda al opositor Luis Juez: la de víctima. El senador cordobés demostró en los últimos años que es el traje que mejor le sienta.
Luchar contra la adversidad electoral habría hecho crecer a Juez más de la cuenta. Un pecado imperdonable para el PJ si se tiene en cuenta que la oferta opositora no tiene prácticamente nada donde apalancarse.
La presunta “traición” de la cual Juez habría sido objeto en caso de que Schiaretti hubiera concretado algo con Juntos por el Cambio habría disparado la cotización del ex peronista, tal y como sucedió en 2021. En esas elecciones legislativas, se presentó contra todos los pronósticos y generó un cimbronazo.
Por ese motivo, el gobernador decidió bajar las pulsaciones y, posiblemente, el perfil de cara al 25 de junio. Con la decisión de presentarse como precandidato único de un espacio y en posible fórmula con Florencio Randazzo, le daría prioridad exclusiva a acompañar a Martín Llaryora en lo que resta de la campaña.
Con todo eso en juego, el tiempo seguirá su curso al 25 de junio. Mientras tanto se comenzará a notar el proselitismo cada vez más (carteles, encuestas y otros movimientos pasivos ya que no habrá debate) desnudo.
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