Por otro lado, el reconocimiento interno de la derrota y la imposibilidad de cultivar buenos resultados en lugares como Córdoba, hicieron que la inversión de Nación se concentrara fundamentalmente en GBA. Esto fue parte del “plan platita” que desplegó Alberto Fernández para revertir el resultado electoral, cuestión que resultó infructuosa.
De hecho, durante el periodo electoral, el Gobierno nacional transfirió un 20% más de fondos que en el resto del año, pero ninguno de estos mojaron a Córdoba. En casi todos los distritos electorales con fuerte presencia oficialista se giró dinero, aunque en poco de ellos se logró revertir la derrota.
De esta forma, las antiguas prácticas kirchneristas con Córdoba se volvieron a repetir, y reafirmaron que la utilización de los fondos nacionales está a primera disposición de las necesidades electorales y no las sociales. Aunque esto ya parece no alcanzar porque esa plata transferida, vale cada vez menos.