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El otro 11 de septiembre: A 30 años del golpe en Chile

El 11 de septiembre de 1973 caía el gobierno de Salvador Allende y asumía Augusto Pinochet, quien ocupó la Presidencia durante 17 años. A seguir un relato de los hechos que desencadenaron el derrocamiento del gobierno de Unidad Popular y algunos testimonios de la época.

En enero de 1970 Salvador Allende es designado candidato de la Unidad Popular a la presidencia de la República, que nucleaba a los Socialistas, comunistas, radicales y socialdemócratas.

En septiembre de ese año la Unidad Popular obtiene la primera mayoría relativa (36,3 %), Jorge Alessandri de la coalición derechista obtiene el 34,9 % y Radomiro Tomic, de la Democracia Cristiana 27,8 %

Al mes siguiente Allende es ratificado por el Congreso como el nuevo Presidente de Chile. El acuerdo es logrado gracias al apoyo de la Democracia Cristiana que condiciona su voto a la firma de un Estatuto de Garantías Democráticas. Pero todo sucede en un clima de tensión política a lo que se le suma el asesinato del Comandante en Jefe del ejercito, General René Schneider, conocido por sus posiciones constitucionalistas.

En noviembre Allende asume la Presidencia. Comienza la aplicación del programa de la Unidad Popular y de las Primeras 40 medidas, se reanudan las relaciones diplomáticas con Cuba y con los otros países socialistas. Se declara Chile como Nación no Alineada.

Al año se inicia la nacionalización de los bancos y las principales empresas y de la industria del cobre. En junio es asesinado el ex ministro demócratacristiano Pérez Zújovic, por el grupo ultra izquierdista VOP (Vanguardia Organizada del Pueblo), lo que dificulta las relaciones con la Democracia Cristiana. Nace la Izquierda Cristiana, un sector de la DC que se une a la UP.

En noviembre Fidel Castro visita Chile y permanece por más de tres semanas; al mes siguiente los partidos de oposición organizan la llamada marcha de las cacerolas vacías que se transforma en la primera gran movilización anti UP.

En noviembre, después de una crisis profunda en la que se multiplican las huelgas y el descontento popular. Allende crea un gabinete con la participación de los militares. El comandante en jefe del Ejercito, general Prats es nombrado Ministro del Interior (El general Prats y su esposa serán asesinados por la DINA, la policía secreta de Pinochet en septiembre de 1974 ). La medida no es suficiente para paliar la crisis política, que se agudiza.

1973: En las elecciones legislativas de Marzo la Unidad Popular obtiene el 43,4 de los votos lo que impide un derrocamiento constitucional. Los militares abandonan el Gobierno. Se inicia una nueva serie de conflictos gremiales, el más grave es el de los mineros del mineral de cobre El Teniente que durará más de dos meses y medio. Las otras minas de cobre no participan en la huelga e incrementan la producción. El proyecto de la UP sobre la Educación provoca nuevos enfrentamientos.

En junio se produce el levantamiento del regimiento Blindado número 2 de tanques, al mando del Coronel Roberto Souper. Es sofocado en una acción dirigida personalmente por el general Prats.

Se agudizan las antinomias, se agravan la crisis económica y aumentan los atentados terroristas.

Se reinicia la huelga de los camioneros, Allende decide enfrentar la situación incorporando a los jefes de las fuerzas armadas y carabineros a su gobierno, los que tres semanas más tarde renuncian. Eduardo Frei, presidente del Senado, declara que el gobierno es inconstitucional. El general Prats renuncia a su puesto de comandante en jefe del Ejército, en el que es reemplazado por Augusto Pinochet.

El Comando Nacional de Gremios ( Coordinadora de organizaciones patronales) llama a una ofensiva nacional contra el Gobierno de la UP. El 9 de septiembre, Carlos Altamirano, Secretario General del Partido Socialista llama al enfrentamiento, a oponerse por todos los medios a la ofensiva golpista, descartando cualquier tipo de diálogo. El 10, Allende anuncia a sus ministros y a los militares su decisión de convocar a un plebiscito para resolver la crisis. El 11 de Septiembre Augusto Pinochet derroca a Allende y asume el gobierno.

Allende junto a un puñado de colaboradores resisten en la Moneda, bombardeada por la aviación. En el asalto final muere Salvador Allende, quien se suicida.

El Mercurio lo cuenta de esta manera: El día comienza muy temprano tanto para el Presidente Salvador Allende como para los gestores del golpe. Ya a las 05:00 horas, el Mandatario se aprestaba para dirigirse al Palacio de La Moneda, sólo una hora antes de que en Valparaíso se diera inicio a la ocupación del puerto por parte de la Armada.

Era el día D y la hora anunciada previamente por el Comandante en Jefe de la Armada, José Toribio Merino, al Jefe del Ejército, Augusto Pinochet, quien, desde la escuela de Telecomunicaciones de Peñalolén, se preparaba para dirigir los movimientos militares en Santiago.

Allende llega a La Moneda a las 07:30 acompañado de su guardia personal cuando el edificio ya se encontraba rodeado por las tropas.

A los pocos minutos, el Mandatario recibe el llamado telefónico de un oficial de Carabineros de Valparaíso, quien le informa sobre la situación en el puerto. Acto seguido, Allende emite su primera declaración por radio Magallanes para informar al país del levantamiento en la Quinta Región.

Quince minutos después, son las Fuerzas Armadas las que emiten la primera proclama a través de las radios de oposición. Pero las opciones de comunicarse a través de esos medios se acortarían. Los militares destruyen los equipos de Radio Nacional y allanan la radio de la Universidad Técnica. En tanto, bombardean las torres transmisoras de radio Corporación y Portales.

Allende todavía confiaba en que el levantamiento se restringía sólo a la Armada, pero bastó un intento de contactar a los comandantes en jefe para que se diera cuenta de que las tres ramas estaban involucradas.

El Presidente alcanza a hablar brevemente en dos ocasiones al pueblo chileno, en respuesta a los bandos militares que exigían su rendición y abandono de La Moneda. Sin embargo, se niega rotundamente a salir del Palacio. Ni siquiera acepta el ofrecimiento de un avión que lo sacaría del país. Luego comienza a sentir los disparos de los enfrentamientos entre francotiradores y efectivos golpistas.

A las 09:20 horas Allende pronuncia su último discurso a través de radio Magallanes y con emotivas palabras se despide del país.

Poco más de una hora después, el mando militar da el ultimátum al Jefe de Estado: o abandona La Moneda o ésta será bombardeada. El Presidente pide a sus asesores y acompañantes que dejen el Palacio. Sólo unos pocos lo hacen, las mujeres –entre ellas sus hijas- se resisten, pero finalmente dejan el lugar.

Pinochet había ordenado que a las 11:00 horas los aviones Hawker Hunter de la Fuerza Aérea comenzaran el bombardeo a La Moneda. Sin embargo, un retraso demoró lo solicitado por el general.

Minutos antes de mediodía, los bombarderos de la FACh comienzan a descargar un total de 17 rockets, los cuales impactan el Palacio, provocando incendios en toda el ala norte.

Allende aún permanecía en el segundo piso de la casa de gobierno, mientras las tropas comienzan a atacar la planta baja. La situación al interior del edificio se complica porque además del humo de las llamas, los soldados lanzan bombas lacrimógenas.

Luego del ataque aéreo a La Moneda, los bombarderos fijaron como objetivo la residencia de Tomás Moro.

La resistencia de los acompañantes del Presidente apenas dura unos breves momentos. Las tropas no demoran en controlar el primer piso, obligando a la salida de quienes aún permanecían en su interior. En fila comienza el abandono del Palacio.

Eran las 13:30 horas y el Presidente Allende, asumiendo la derrota, se suicida.

La noticia de la toma de La Moneda es comunicada de inmediato a Pinochet. Bomberos se encarga de controlar los incendios del edificio y el cuerpo de Allende es llevado al Hospital Militar para la autopsia.

En otras partes de Santiago, se registran algunos enfrentamientos en los cordones industriales, los que se prolongan durante el resto de la tarde.

Los focos de resistencia que aún quedan en el país comienzan a caer rápidamente y se intensifican las operaciones de búsqueda de los opositores al régimen, quienes eran detenidos y recluidos en distintos lugares de detención.

A las 18:00 horas, el Comandante en Jefe de la Armada llega a Santiago y una hora después se reúnen en la Escuela Militar, por primera vez, Augusto Pinochet, José Toribio Merino, Gustavo Leigh y César Mendoza, quienes conforman la Junta de Gobierno.

De inmediato se declara Estado de Sitio en todo el territorio nacional y toque de queda.

Al día siguiente se firma el acta de Constitución, por la cual los comandantes en jefe se constituyen como junta para asumir el mando supremo de la nación con el compromiso de "restaurar la chilenidad, la justicia y la institucionalidad quebrantadas".

Al principio se piensa en la posibilidad de que la presidencia de la junta fuera rotativa, pero al darse cuenta de que ello sería impracticable, firman el decreto ley que establece que la institución más antigua de las Fuerzas Armadas, el Ejército, encabece el gobierno militar.

Luego acuerdan repartir los ministerios clave entre las distintas ramas de las Fuerzas Armadas y partidarios civiles. El 11 de Marzo de 1990 Pinochet entregó el gobierno.

A seguir reproducimos dos testimonios de cómo vivieron ese día:

Sergio Onofre Jarpa-Ex Senador RN

Fundador y ex presidente del Partido Nacional, Sergio Onofre Jarpa fue embajador de Chile en Colombia y Argentina. Fue ministro del Interior durante el régimen militar de Augusto Pinochet y fue presidente de Renovación Nacional en dos períodos.

Tenía treinta años menos. Estaba con mi señora y mis hijos. Mi hijo menor estaba en la Marina en Escocia y el segundo estaba interno en el colegio. Los dos más chicos estaban en la casa.

Todos sabíamos que el país llegaba al fondo del pozo con el desorden generalizado que había y la escasez de alimentos. Y se veía que en cualquier momento iba a venir alguna reacción o nos íbamos derechamente a la órbita soviética.

Yo ponía la radio temprano para saber las noticias y ese día la misma radio Agricultura empezó a informar lo que estaba pasando en el centro. Francisco Hernández, el periodista, decía lo que estaba ocurriendo, que andaban tanquetas de Carabineros en el centro, que estaban cerrando las calles, que estaban apareciendo tropas del Ejército y yo me fui caminando porque vivía por ahí, en Pedro Valdivia, hasta la radio Minería y me quedé ahí escuchando informaciones. Estuve como hasta las cuatro de la tarde en la radio con un grupo de amigos y los periodistas, y después me fui a mi casa a esperar el fin de la jornada y que hubiera noticias oficiales de lo que había ocurrido.

Luego llegaron a mi casa unos militares a pedir permiso para subirse al techo porque desde ahí tenían la posibilidad de ver lo que ocurría en la embajada de Cuba. En la noche se veía cómo disparaban con trazadoras y ametralladoras. Entonces los soldados de acá les contestaban. Pero eran más bien disparos a la bandada, no hubo ningún herido y creo que en la embajada de Cuba tampoco.

Eso se observaba desde el techo de la casa y ninguno de nosotros se fue a subir para mirar. Pero no pasaba nada extraordinario. Claro, no todos los días hay un pronunciamiento militar, pero dentro del pronunciamiento en el que los civiles no tuvieron mayor participación, las cosas se fueron ordenando ese mismo día.

La preocupación por la situación del país venía de antes. Había enfrentamientos todos los días en las calles. A mi hija la detuvieron cuando un día iba camino al colegio porque hizo unas morisquetas al cruzarse con un auto del gobierno. Y entonces aparecieron unos automóviles Fiat, dos o tres, la hicieron parar el auto, la hicieron bajarse y allanaron el vehículo por si habían armas. En la radio informaron que habían detenido a una mujer agente y provocadora.

Nosotros no celebramos el 11, pero estábamos mucho más tranquilos. Creo que todos los chilenos que tenían una vida tan distorsionada por los acontecimientos entraron en un clima de tranquilidad. Esa noche dormimos sin problemas a pesar de que la embajada de Cuba no se desocupó hasta el día siguiente, así es que se sintieron algunos disparos.

Isabel Allende- Escritora

En 1973 tenía 31 años. Era colaboradora en las revistas "Paula" y Mampato". Luego del 11 de septiembre abandona el país junto a su familia. Desde Venezuela publica sus primeros libros. Vuelve a Chile en 1990, pero actualmente vive en Estados Unidos.

Aunque tenía 31 años en 1973, fue ese día 11 de septiembre cuando me hice mayor de edad. Aquel martes fatídico salí de mi casa camino a mi trabajo, en la Editorial Lord Cochrane, a bordo de mi Citroneta pintada de flores.

Cuando llegué, encontré la oficina cerrada. El portero, eufórico - era muy momio-, me mandó de vuelta a casa. "Así que esto es un golpe militar", pensé, con más curiosidad que susto. En los paraderos de micros había trabajadores esperando buses que no llegaban; la ciudad parecía extrañamente vacía, casi fantasmagórica.

Decidí ir a ver a la señora Hilda Arenas, quien era como mi madre y vivía en Bilbao, porque ella tenía teléfono. Por un lado quería ver lo que estaba sucediendo en Santiago y por otro estaba preocupada por mis niños.

La señora Hilda me dijo que su marido, el profesor Osvaldo Arenas, estaba en el Instituto Nacional y me pidió que lo fuera a buscar. Don Osvaldo había salido temprano al Instituto y se quedó allí porque no tenía auto y después no había locomoción para regresar a su casa. Por eso fui a buscarlo.

Una vez que supe que mis niños estaban a salvo con mi suegra, partí al centro. Crucé medio Santiago y me di cuenta de lo que sucedía. Vi las calles vacías y los convoyes militares.

Me quedé en el Instituto Nacional un buen rato, esperando los acontecimientos con el profesor Arenas. Con él escuchamos las noticias en una radio portátil y vimos de lejos el bombardeo de La Moneda.

Costó bastante regresar al barrio alto, porque había muchas calles bloqueadas por soldados. Llegué a la casa como a la una de la tarde, sin saber los detalles del alzamiento militar o de la destrucción de La Moneda, pero muy alterada por los aviones, las bombas, el humo, las inusuales escenas que vi en la calle y el hecho de que las radios habían caído en manos militares.

El asunto era mucho más serio de lo que me había imaginado al comienzo.

Escuché las últimas palabras del Presidente Salvador Allende por la radio, pero no supe de su muerte hasta alrededor de las dos de la tarde.

Me reuní con mis hijos y mi marido y nos quedamos en la casa prendidos del teléfono, ya que la radio y la televisión estaban censurados. Las líneas estaban muy recargadas, todos los teléfonos sonaban ocupados, el clima era de terror.

Por fin logré hablar con mis padres, que eran embajadores en Argentina, y ellos me confirmaron la muerte del Presidente, que ya se conocía en el resto del mundo.

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