Sexo con androides, una fantasía muy humana
(N. de la R.: La robot mide 1,73 metro, pesa 54 kilos, usa la copa (medida) C de sujetador (corpiño) y está preparada para la acción, según asegura Hines.
Roxxxy tiene órganos sexuales artificiales y un esqueleto articulado que se puede animar como el de un humano. Pero, la androide tiene 2 problemas:
> (todavía) no puede mover sus extremedidades de manera autónoma, y
> cuesta entre US$ 7.000 y US$ 9.000.
Roxxxy está disponible en varios modelos:
> 'Wild Wendy', con un carácter aventurero y extrovertido;
> 'Frigid Farrah', reservada y tímida;
> 'Mature Martha', con un encanto matriarcal, y
> 'S&M Susan', la dominatrix.
Los clientes pueden concebir su propio modelo eligiendo su color de piel, sus cabellos e incluso sus medidas.
La empresa TrueCompanion quiere desarrollar pronto un muñeco-robot masculino).
CIUDAD DE BUENOS AIRES ( Centro Bert Hellinger Argentina). La fantasía de tener sexo con robots existe desde que el primer robot humanoide fue concebido por la mente humana. Si crees que esto es nuevo, piénsalo de vuelta. En 1927, la película muda Metropolis, del director alemán Fritz Lang, ya nos presentaba la primera fembot (robot femenino) que se haya visto en la pantalla grande.
La importancia de Metrópolis en el tema que nos compete, no reside tanto en la creación de Maria, la fembot, sino en el hecho de sugerir la existencia de género dentro de la robótica. Si tenemos géneros (femenino y masculino), ya estamos hablando de sexo y sexualidad.
Pero mucha agua ha pasado debajo del puente desde 1927, y muchas otras películas han seguido con el tema del fetichismo robótico, desde Blade Runner y Stepford Wives hasta Inteligencia Articial, de Steven Spielberg. Y no son pocos los que se preguntan: ¿Cuándo podremos tener sexdroids funcionales? La respuesta es simple: Ya mismo... si existiese el mercado.
Es que los avances de la ciencia hacen muy posible la existencia de robots sexuados, que puedan realizar movimientos pélvicos similares a los que cualquiera de nosotros realiza durante el acto. Por otro lado, el mercado de muñecas sexuales ha logrado modelar el cuerpo humano con increíble detalle, y la silicona es un material duradero, muy similar a la piel y carne humana. Por supuesto, falta mucho para que un Gigolo Joe (interpretado por Jude Law en Inteligencia Artificial) sea posible, pero los primeros prototipos ya podrían construirse.
Entonces, ¿por que no estamos fornicando con robots en pleno año 2007? Primero y principal porque sería extremadamente caro: una RealDoll cuesta US$ 6.500 (€ 4800), y no cuenta con ningún componente electrónico. Imagina ese costo multiplicado, al menos, por dos y te darás cuenta que serían muy pocos los que podrían aspirar a tener una compañera/o sexual de última generación.
La segunda razón es un tanto más delicada. El sexo sigue siendo aún un tema difícil, y cualquier desviación de las prácticas habituales es considerada como una aberración, obscena y depravada. Si masturbarse aún es un tabú, imagina lo que se necesitaría para que el sexo robótico sea aceptado a nivel social. Por último, hay que tener en cuenta que aquellos con los conocimientos necesarios para construir androides, son personas con un altísimo coeficiente intelectual, más interesadas en dejar su marca en el mundo que de construir un juguete sexual de avanzada.
Pero imaginemos por un segundo que estas barreras han sido derribadas y los robots sexuales ya pululan entre nosotros. ¿Cómo serían? ¿Quienes los comprarían? ¿Cómo se consumirían? ¿Se necesitaría un nuevo código de ética robótico? Sigue leyendo.
Si hay alguien que pueda contestar esas preguntas, esos son los "ASFRianos", también conocidos como tecnosexuales (en su acepción usada para describir una parafilia del hombre hacia una máquina, en forma de androide o robot).
El término ASFR fue acuñado por el acrónimo del newsgroup alt.sex.fetish.robots, lugar virtual de reunión de los ASFRianos.
Los ASFRianos pueden ser divididos en dos grupos:
1) Los que desean tener un androide para sexo o compañía, o ambas. Esta fantasía se distingue por desear un androide completamente artificial, cuyo único fin es satisfacer a su dueño.
2) El segundo tipo de fantasía se refiere a la transformación de un humano que se ha convertido en robot. La transformación, propia o del compañero/a, es el foco de la fantasía.
Estos son los pioneros, los visionarios de la sexualidad robótica. Por el momento, los ASFRianos deben contentar sus fantasías a través de películas como Cherry 2000 o contemplando con deleite a 7 de 9, de Star Trek: Voyager.
El roleplaying, juego de rol sexual, o el cosplay (con disfraces), también atrae a los fetichistas.
Para las mujeres, el sexo robótico tampoco es desconocido. Prueba de esto son las cartas eróticas que recibía Brent Spiner, el androide Data en Star Trek: The Next Generation. O, mejor aún, las Fucking Machines (si eres mayor de edad, descarga el vídeo de Fuckzilla, es imperdible).