John Procter, portavoz de VeriChip, explicó que la compañía trabaja fundamentalmente sobre dos aplicaciones de esta tecnología: para identificación, como en el caso de Citywatcher.com, y para su utilización en hospitales.
"Es un aparato muy útil en pacientes con dificultades para comunicarse, como pueden ser los enfermos de Alzheimer. Mediante un escáner se puede acceder a su historial médico", dijo Procter.
La cápsula, que se inserta bajo la piel del brazo o la mano con una jeringa, contiene un número de 16 dígitos que permite el acceso al historial médico del portador.
Este chip, según sus promotores, facilitará a hospitales, médicos y pacientes mejorar la asistencia y evitar errores, con información precisa sobre cada paciente y su condición sanitaria.
Además de estos usos, Procter recordó que la Secretaría de Justicia mexicana ya utiliza este tipo de tecnología para identificar a sus empleados.
El "chip" tiene también otros usos menos altruistas y, por ejemplo, una discoteca en Barcelona (España) utiliza estas cápsulas con sus clientes VIP. Le sirve para identificarlos en la entrada y para que puedan pagar sus consumiciones mediante una cuenta especial.
La empresa calcula que aproximadamente 200 personas en todo el mundo llevan ya estos ingenios implantados en su cuerpo.
Pero esta tecnología futurista, más propia de la literatura del escritor George Orwell, tiene también cada vez más detractores.
Entre ellos está "Profesionales de la tecnología por la responsabilidad social", un grupo ubicado en Palo Alto (California), que protesta por lo que consideran "una pésima iniciativa".
Lisa Smith, miembro de este grupo, aseguró que "la sola idea de llevar algo implantado en el cuerpo, que no se puede apagar, supone una invasión total de la intimidad".
"Existen otras formas de identificación menos invasivas que también son adecuadas, por muy voluntario que esto sea", dijo Smith.
Esta activista hizo también una reflexión sobre los caminos opuestos hacia los que se dirige la tecnología: "Por un lado, las innovaciones permiten una vulneración cada vez mayor de la intimidad, pero por el otro, dotan a los ciudadanos de más herramientas para poder defenderla".
Tanto VeriChip como Citywatcher.com se aferran al carácter voluntario de los implantes para rechazar cualquier acusación.
Procter asegura que aporta "más discreción y más seguridad a las compañías", mientras que Darks argumenta que jamás pediría a sus empleados algo que él mismo no estuviese dispuesto a hacer.