¿A cuánto se irá el dólar? ¿Habrá default de la deuda o una refinanciación forzosa fundamentalmente con los fondos de inversión y los bancos, pero aún con el FMI instalado de este lado del mostrador?
Una encuesta entre un grupo de 40 entidades de Nueva York, Brasil, latinoamericana y otros mercados efectuada a priori por la compañía especializada en inversiones con base en Nueva York, XP Investmets, que publicó Pablo Wende en Infobae, dio 3 pronósticos de tipo de cambio, según sea el resultado del 28 de octubre o el balotaje:
-$40,53 si gana Macri,
-$59,39 si CFK resulta vencedora,
-$46,60 si se impone un "peronista moderado".
Lo más sugestivo del informe de XP Securities, que integra Alberto Bernal, es que "sólo unos pocos participantes del mercado están convencidos de una victoria de Macri. El 78% manifestó incertidumbre sobre el resultado de las elecciones, con respuestas que dan una probabilidad de entre 30% a 50% al escenario de reelección".
La andanada de tarifazos y aumentos de canasta básica en consonancia que los vienen acompañando desde que fueron instituidos como pilares del modelo económico sui generis que ejecuta la Casa Rosada desde 2016 dejarán a la inflación del 1er trimestre cerca del 12% y a la 4ta parte del salario comprometida nada más que en el pago de las facturas de servicios públicos.
Y la estructura de precios relativos que se haya formado faltará ser conciliada con el aumento salarial que surja de las convenciones colectivas, el cual difícilmente se acomode al 23% pretendido por el gobierno, según expresara el mes pasado el ministro de la Producción, Dante Sica.
La cosecha aportará menos de lo esperado debido a los factores climáticos que, por exceso o defecto de riego, la volvieron a condicionar en esta campaña, y la energía ya no será el factor dinamizante que se imaginaba cuando los valores internacionales estaban más altos y las cotizaciones internas se subordinaban a las crecientes expectativas cambiarias.
O sea, una economía con perspectivas más de malas que de buenas noticias en vísperas de la campaña, por más que el jefe de Gabinete, Marcos Peña, haya concentrado las acciones proselitistas pasibles de ser embozadas en la gestión.
No ha sido en ese aspecto un dato menor que el Departamento del Tesoro de USA haya concretado el apoyo comprometido al gobierno argentino por el Presidente Donald Trump durante su visita al país para la cumbre del G-20, que se materializará en el análisis, ejecución, control y seguimiento de proyectos de infraestructura, entre ellos los proyectos de Participación Público Privada viales.
Fue rubricado en Washington entre el Equipo de Financiamiento de Infraestructura (IFT, for Infrastructure Finance Team) de la Office of Technical Assistance (OTA) y la Dirección de Infraestructura de BICE, con la presencia del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich.
El acuerdo establece la prestación de asistencia técnica a la Dirección de Infraestructura de BICE a través de la presencia de un asesor de la OTA en las oficinas del Banco, quien “brindará apoyo y asesoramiento con el objetivo de aumentar la capacidad institucional para desarrollar proyectos sólidos de infraestructura, potenciando el rol de BICE como banco de desarrollo argentino”, según el comunicado emitido por la entidad que preside Francisco Cabrera.
Trump, o cómo materializar el apoyo a Macri
Ha sido esta la más contundente demostración, hasta ahora, de la Casa Blanca repecto de la simpatía que le despierta una eventual reelección de Macri, después de la reapertura de mercados para algunas exportaciones regionales que estaban vedadas.
Y devuelve al tapete la vigencia de declaraciones que formulara a la cadena de noticias Fox, en setiembre pasado, el director del Concejo Económico de Estados Unidos, Larry Kudlow: “El Tesoro está profundamente involucrado en esta decisión. La única forma de salir del dilema de Argentina es establecer una junta monetaria. El peso se vincula con el dólar. No hay creación de dinero a menos que tengas una reserva en dólares detrás de esto. Eso funcionó en los ´90, derribó la inflación y mantuvo la prosperidad. El Departamento del Tesoro está en ello”, disparó alborotando el avispero.
Hubo todo tipo de repercusiones, que inclusive llevaron al Departamento del Tesoro a relativizarla.
La propuesta, que se vinculó a “una decisión geopolítica de Estados Unidos para evitar la influencia de Rusia y China en América del Sur”, quedó picando. El cruce de Macri a Maduro por la impugnada reelección en Venezuela, que superó largamente en dureza al pronunciado por el mandatario de Brasil, Jair Bolsonaro, complació a Washington
Pero la mecha del debate sobre la dolarización de la economía argentina quedó encendida, como si fuera la antorcha olímpica. “Es algo que hay que pensar seriamente más adelante", fue la postura del influyente economista y profesor de Columbia, Guillermo Calvo, al ser entrevistado por La Nación, y la resaltó como “una forma de resolver de una buena vez las cíclicas crisis de confianza sobre el peso argentino, que sufre hoy la política económica de Macri”.
Parece que el momento está por llegar, porque el tobogán económico (que dejaría hecha un poroto la inspiración de Daniel Muchnik, al escribir un libro con ese título que describe el período de Gelbard a Martínez de Hoz en los ´70) luce cada vez más empinado y no hay indicio de recuperación cierta que lo atenúe hasta la hora de la gran definición en la presidencial.
El trinomio Macri-Peña-Durán Barba sabe que no queda tiempo para percepciones que sean demasiado sutiles, y las expectativas, como están dados los tantos ahora, se circunscriben a más y hasta peor de lo mismo.
“Algo habrá que hacer”, se escucha en las inmediaciones del macrismo ya superado el maltrago político de meter en el país al Fondo Monetario Internacional para cubrir los baches financieros de corto plazo que, entre el riesgo país y las restricciones por la política monetaria de USA, prácticamente quedaron a la intemperie.
¿Convertibilidad o dolarización total?, sería el golpe más rápido y efectivo, ya que con el FMI adentro, sólo quedaría incorporar al Tesoro de la Casa Blanca, cuyo titular dio muestras de que estaría dispuesto a hacerlo.
Según cálculos que se manejaron cuando se lanzó el primer globo de ensayo, la transformación de la base monetaria en dólares, que en el momento en que se hizo implicaba una tasa de conversión de $86, y otra estimación de los agregados monetarios hacía descender a $75 provocaría una nueva macrodevaluación, sobre la que deberían ajustarse a modo de shock sector público y privado.
Hay que considerar que nada más que el ingreso medio por habitante caería a menos de US$6.000 al año, desde los US$14.402 que estimaba el Banco Mundial para fines de 2017.
El mayor problema que reconocen los especialistas, asimismo, es cómo juega también en este caso el volumen de la deuda, que equivale a un PBI completo y cuyo pago de intereses únicamente se come 4 puntos del indicador de valor agregado.
Además de la financiación del Tesoro, una dolarización requiere de la cobertura de la Reserva Federal como prestamista de última instancia, lo cual en la práctica pondría fin al Banco Central y a las entidades de capital nacional.
Parecería too much para Macri, pero hasta en política la necesidad tiene cara de hereje.
Otro escollo no menor sería la intervención del Congreso para convertir la reforma en ley, ya que el artículo 75 de la Constitución hace referencia a la moneda nacional, estableciendo la creación de un Banco Federal que emita moneda. Las facultades que fija en el punto 11 consisten en “hacer sellar moneda, fijar su valor y el de las extranjeras; y adoptar un sistema uniforme de pesos y medidas para toda la Nación”, si bien en el punto 19 afirma que se debe “defender el valor de la moneda”.
El año pasado, el economista del CEMA Jorge Ávila, había dejado en claro que, en los hechos, la economía argentina funciona como bimonetaria, y que en tal condición, con dolarización de facto o sustitución de monedas, “la velocidad de circulación del dinero es inestable. Esto significa que los cambios de cartera desde la moneda nacional a la de reserva, motivados por causas reales o imaginarias, pueden ser frecuentes, súbitos y masivos, con la consabida secuela de maxidevaluación, fogonazo inflacionario, salidas de capitales y recesión”.
En 2002, luego de la crisis que inclusive llevó a caer al gobierno de Fernando de la Rúa, se contabilizaban 35 países con dolarización oficial, tras haberse sumado Ecuador en el 2000, cuyo PBI es 5 veces menor al argentino, y luego de experimentar una inflación inferior al 100% anual.
En la nómina aparecen también Panamá y El Salvador, cuyos PBI son 10 y 5%, respectivamente, más chicos que el nuestro. Kosovo y Montenegro habían adoptado el marco en lugar del dinar cuando se separaron de Yugoslavia, pero cuando Alemania se pasó al euro ahí fueron.
Argentina traía en cortocircuito un régimen de libre convertibilidad y era el 4to país en tener un elevado porcentaje de activos monetarios en dólares en relación al total. Fue en plena década de estabilidad monetaria y adelante estaban Bolivia, Nicaragua y Rusia.