Como no sería menos de esperar, las inversiones reales siguen en franca declinación, con otro -15% en octubre, aunque medida a precios constantes, que gracias al retroceso del PBI, la relación representó el 20,3%, cuya traducción contante y sonante es US$6.780 millones, según el indicador que elabora el Centro de Estudios Económicos de Orlando Ferreres.
¿Lo peor ya pasó o está por venir?
En los 10 meses que lleva el año acumulan una contracción del 2,3%, pero la desaceleración de la pendiente en los últimos meses “invita a pensar que lo peor de la crisis ya pasó, y que la inversión volverá lentamente a recuperarse durante el próximo año", atenúa el comentario.
Sin embargo, un desmoronamiento como el del rubro maquinaria y equipos, que traía una contracción del -31,5% y se aplacó a -25%, o la baja del 21% en equipos durables de producción nacional y del 27,8% en los importados, hacen parecer insignificante el -3,7% que descendió la construcción en el mismo lapso, aunque ya venía mal desde el año pasado y rebotaba apenas 1,3% en el 1er trimestre.
La devaluación y su traslado a una inflación que ya cargaba con la cruz de los tarifazos energéticos, más las descomunales tasas como antídoto cambiario, hicieron desaparecer el crédito hipotecario y pegaron de lleno en las decisiones de los particulares de compraventa inmobiliaria, lo cual afectó la obra privada.
Las urgencias fiscales y la causa de los cuadernos, en tanto, se encargaron de desbaratar los planes de obra pública y PPP, respectivamente.
Una de las actividades más damnificadas en cuanto a la retracción inversora fue el complejo automotor, donde hubo en octubre un patentamiento de vehículos utilitarios inferior en un 60% al de un año atrás y 41,7% menos para los vehículos comerciales livianos.
Con un panorama recesivo, inflacionario e incierto como el actual, a las empresas privadas no se les pasa por la cabeza invertir. Inclusive algunas grandes tienen problemas en explicarles a los accionistas los últimos balances en rojo que presentan.
Están los casos de Arcor, con un rojo de $6247 millones a setiembre, cuando había ganado $1.084 millones el año pasado; el Grupo América de Eduardo Eurnekian, que dio $1.509 millones negativo contra $2.813 a favor a la misma altura de 2017 o Pampa Energía, el holding que integran Edenor y Transener, presidido por Marcelo Mindlin, al que los números arrojaron $5.384 millones de quebranto contable, frente a un superávit de $3970 millones.
El incremento del 120% de la paridad en el último año provocó ingentes pérdidas por diferencia de cambio que contrastan con las ganancias nominales en pesos de caja, las cuales desde 2003 cargan con 2000% de inflación de arrastre en los balances por no haberse permitido ajustarlos e inclusive, por lo tanto, tributan como tales.
Aunque la maquinaria oficial de comunicación se degañite intentando convencer a los que manejan capitales de que confíen en que se está a las puertas de un ciclo de mejoría económica, en virtud de “la relativa estabilidad cambiaria que trajo la nueva política monetaria del gobierno, una disminución en las tasas de referencia y una reducción en las expectativas de inflación”, como destaca Ferreres, y depositen algún óbolo, crece la desconfianza de los mercados, que son los que entienden de esas cosas, y con ella, salta el riesgo país de 600 a 700 puntos.
Les cuentan las costillas y ¡warning!: los vencimientos de esta semana de Bonar 2018, aunque ANSES tenga en cartera una parte significativa, y Letes en dólares, afectarán las reservas y las pueden hacer bajar de los US$50 mil millones, ya que el desembolso de octubre del FMI es de US$5.600 millones.
El siguiente, de US$7.500 millones, entra en diciembre, y tampoco alcanza para cubrir los US$9.000 millones que caen entre bonos, Repo y Letes en dólares.
Como en los western del lejano oeste americano, las sitiadas carretas están pendientes de que llegue la caballería, aunque esta vez no esté encabezada por la blanca melena del general Custer.