La Jefatura de Gabinete coordina esta versión macroeconómica del “Despacito” (pero no con cadencia tropical sino la del canto tribunero de cuando el equipo está ganando y el partido está liquidado) en las cuentas fiscales y en el programa monetario, dejando fluir la marcha de los precios para completar la transferencia de recursos al sector empresario beneficiado.
Ha sido la gran conquista pírrica del elenco económico de Marcos Peña nacida del propio estrepitoso fracaso de las metas de inflación: doblegar la tozudez de Sturze por atajarle penales a la moneda y permitir un reacomodamiento de los precios relativos en dirección de los intereses perseguidos.
La entrada al circuito financiero de los US$15.000 millones traducidos a pesos por colocación de deuda pública completa el marco del nuevo portafolios del carry trade en barbecho, y serán los operadores más hábiles los que consigan sacarle jugo a las martingalas, entre los bastidores de la tasa de interés gradualmente bajada y el tipo de cambio contenido por la propia oferta de dólares del endeudamiento, descontado el déficit comercial y los intereses.
Dentro de este esquema, las referencias directas del mercado, en principio, ya no pasan por la marcha de la inflación, sino por la renta arbitrada entre las distintas tasas, por lo que las expectativas respecto de los precios (REM) pasan a un segundo plano y apenas se escucha un tic-tac que podrá ir cobrando volumen con el tiempo.
La reinserción en el mundo que el gobierno busca consolidar con el acelerado llenado del tramiterío de admisión en la OCDE, traducido en el reciente DNU multipropósito, y el chapeo de la presidencia que ejerce este año en el G-20 funciona como reaseguro ante el Fondo Monetario Internacional para reestructurar los plazos de la deuda en caso de que se entre en zona de riesgo en los próximos tres años.
La Superliga de la City
En la Casa Rosada se terminaron de persuadir de que en Wall Street no están dispuestos a mejorar mucho más la calificación del riesgo a la que prestan atención los inversores, y que la atracción de capitales de mediano y largo plazo aplicados a la producción dependerá de promover negocios puntuales. Sí, en cambio, necesitará mejorar la reputación de mal pagador e incumplidor de compromisos, como se propuso en la presentación hecha ante la Securities Exchange Commision (SEC) previa a la emisión de deuda.
Los estrategas de los fondos comunes de inversión alternan por estos días las vacaciones con el estudio de alternativas con activos para el carry trade que salgan del cómodo círculo cerrado de las Lebacs.
Aparecen así, además de las Letes, el TJ20 (Bopomo) vinculado a la política monetaria, el Bocan AA22 relacionado con la tasa Badlar, las letras provinciales (PBD19 y PBY22 bonaerense, BDC22 Y BDC24 porteños y PMJ21 mendocino), de los bancos de CABA y de Provincia de Buenos Aires.
Asimismo, en los portafolios en formación cobran mayor protagonismo los fideicomisos financieros y obligaciones negociables con cupón mínimo asegurado y Badlar más 300 puntos básicos, lo mismo que Fondos Comunes de Inversión. Claro que en las sumas y restas de las rentas deben tenerse en cuenta las implicaciones impositivas y que no son fáciles para entrar y salir por la falta de liquidez en el mercado secundario
Según las combinaciones, los rendimientos superan largamente el 20% anual,que es la cuerda estimada de inflación en 2018, y de algún modo se alinean con Lebacs.
Para calzarse con el IPC, cuyo control la política oficial sacó del primer plano como objetivo, están los bonos que ajustan por CER como el Boncer 21 y el Discount Pesos (DICP).
La pendiente de la curva de las Lebacs está hoy negativa, con tasas que van del 28% para el tramo más corto al 25,50% para los tramos más largos, pero a la corta continúan siendo faros que penetran la neblina.