Un mural de un pene gigante desata la controversia en Nueva York
La artista sueca, Carolina Falkholt, dijo al diario The Guardian que su trabajo se trata muchas veces sobre "no sentirse avergonzado de tu cuerpo y quién sos como ser sexual."
La artista sueca, Carolina Falkholt, dijo al diario The Guardian que su trabajo se trata muchas veces sobre "no sentirse avergonzado de tu cuerpo y quién sos como ser sexual."
"Usualmente pinto vaginas gigantes, coños y conchas", dijo, "y dado que recién había terminado una en el costado de un edificio de 5 pisos, sentía que se necesitaba un pene."
Así, Falkholt pintó lo que sentía que hacía falta en la pared lateral de un edificio de 4 pisos de la calle Broome, en Manhattan. La pintura, que muestra un pene gigante, apareció en el edificio un día antes de Navidad.
Pero algunos residentes de la zona, el Lower East Side, dijeron que la pintura les incomodaba. Y el miércoles 27/12, por orden del propietario del edificio, la pintura estaba siendo pintada encima, explica Edward Helmore de The Guardian.
La crónica de The Guardian relata que en la calle Broome, las reacciones frente a la pintura de Falkholt fueron diversas, oscilando entre la risa y el rechazo.
"Nunca he escuchado tantas risas y rostros felices detrás mío mientras pintaba, como hoy cuando hacía esta pared en la calle Broome", escribió Falkholt en Facebook.
"No nos gusta, y esperamos que lo saquen", dijo en otra dirección el dueño de una lavandería en un barrio donde viven muchos ciudadanos de origen chino, quien no quiso revelar su nombre.
"Los colores lo hacen muy artístico", dijo Lauren Deutsch, de Los Angeles. "Me haría reír pero no lo querría para mí. No vemos nada del estilo en Los Angeles."
Mientras tanto otros, como Avery Plewis, un turista de Toronto en la cosmopolita ciudad, se preguntó si la obra de arte no constituía algún tipo de acoso sexual visual. "Es raro, porque es tan fálico que está más allá del acoso sexual", dijo. "El acoso es, ha menudo, en secreto, pero esto es completamente en tu cara."
Katie Grinero, una adminsitradora de edificios de otra parte de la ciudad, adivinó que probablemente el destino de la pintura sería ser removida, dado que la considera daño a la propiedad.
La artista defendió su obra en The Guardian así: "El arte es uno de los lugares únicos en donde uno puede ser realmente libre y discutir los tópicos difíciles, dado que el arte tiene la habilidad de traducir y transformar el lenguaje en cualquier dirección posible."