> ¿Cuántos de los presentes en el CCK han creado fuentes de empleo confiados en que Macri llevará hacia arriba a la economía argentina?
> ¿Cuántos de los presentes en el CCK han desistido de comprar los dólares estadounidenses que accede venderles Federico Sturzenegger, el presidente del Banco Central?
> ¿Cuántos de los presentes en el CCK aumentarán sus tenencias de bonos públicos emitidos por Macri o, al menos, mantendrán sus stocks?
Todos, absolutamente todos quienes asistieron al discurso casi fundacional de la Administración Macri, tienen experiencia en subirse a la ola, y la mayoría también sabe cuándo y cómo bajarse.
Todos, absolutamente todos ellos, conocen la diferencia entre el enunciado y la ejecución.
Al salir del CCK dijeron que ahora esperan los anuncios fiscales del ministro Nicolás Dujovne, el miércoles 01/11, y luego ansían evaluar cuánto está dispuesto a pagar ahora el Estado argentino por el dinero que le presten.
Tanto los empresarios presentes (incluyendo varios de los gobernadores, que son hombres públicos con negocios privados) como los sindicalistas (ídem), conocen que la prioridad de las compañías en el país sigue siendo reducir costos, ajustar los presupuestos, mejorar la competitividad.
Varios de los presentes (incluyendo al empresario que fue fiscal de mesa el domingo 22/10) siguen reclamando un dólar estadounidense a $25.
También insisten en que las utilidades conseguidas en los últimos años fueron resultado de la inversión en títulos públicos y no por la generación de negocios de riesgo.
Todos los legisladores, sindicalistas y magistrados presentes se preguntaron si el Ejecutivo mantendrá los negociadores de 2016 y 2017, o si los renovará, considerando que Macri tendrá que enviar una cantidad apreciable de proyectos de ley para hacer realidad sus promesas, aún cuando la próxima Legislatura le resulte más propicia al Presidente.
Casi todos los presentes postergaron, desde fines de 2015, sus reclamos más perentorios, esperando que se definiera la batalla electoral entre Macri y CFK. Sin embargo, ellos no están dispuestos a renunciar a sus expectativas, lo que equivale a mantener una puja por la riqueza que contradice la solicitud del Presidente, quien pidió que cada uno decline parte de sus apetencias.
Luego aparecen las diferencias entre los presentes porque integran corporaciones diferentes, representan intereses a menudo contrapuestos, protagonizan relaciones disímiles con el Estado.
Es decir que resulta difícil evaluar el discurso de Macri sin conocer las medidas que intentará implementar, para conocer hasta qué punto llegan las coincidencias entre el querer y el hacer.
Es cierto que la apreciación casi uniforme consiste en que Cambiemos tiene una gran posibilidad de renovar su mandato presidencial en el cercano 2019 pero ni siquiera esta posibilidad sensibiliza las chequeras.
Desde diciembre de 2015 a la actualidad aparece una lógica diferente entre Cambiemos en campaña proselitista y Cambiemos en la gestión del Estado. Existe una muy rescatable habilidad para el marketing electoral, pero abundan dificultades muy notorias en la ejecución de medidas, probablemente el origen del gradualismo preferido por el Presidente de la Nación.
Es posible que la semántica del cambio aún provoque discrepancias entre los gobernantes y los gobernados. La promesa del cambio no equivale a la certeza del cambio, un concepto que también precisa de un detalle sobre el contenido del cambio. No debería ignorarlo el Presidente de la Nación.