Jersonsky recomienda que, antes de separar la basura, hay que pensar cómo no generarla. Pensar qué tirar y qué no tirar. Después hay que ver si algo se puede reutilizar y, en última instancia, reciclar.
"Hay que tratar de reciclar todo lo que sea posible y, lo que no tiene más remedio, efectivamente hay que tirarlo a la basura. Después hay que ver cómo generar menos basura que no sea orgánica", explicó.
“Separar los residuos en su origen para recuperar los materiales reutilizables o reciclables conlleva beneficios ambientales, económicos y sociales. Se reduce el consumo de recursos naturales renovables y no renovables destinados a la producción industrial; se reducen las emisiones de gases que colaboran con el calentamiento global y el cambio climático; produce el ahorro de costos de energía, insumos y entierro”, explicaron desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público.
En la Argentina se descartan 8.000 millones de bolsas por año. Por eso, la solución no es crear una materia prima degradable para poder seguir descartando, sino generar un cambio de hábito en la población. "En los lugares en los que se legisla, se produce un cambio", agregó Jersonsky. Con esta iniciativa, el gobierno de la Ciudad intenta reducir el 55% de las bolsas entregadas, es decir, cerca de 580 millones de bolsas plásticas.
Ecofactory opera desde 2010 con planta propia en Argentina y para toda la región. Tiene la capacidad de producir más de 3.000.000 de bolsas mensuales para abastecer de manera continua y rápida a los mercados de América Latina.
Las nuevas bolsas reutilizables se pueden lavar en el lavarropas y, después de terminada su vida útil, al ser no tejidas, se pueden reciclar y de manera económica.
"Fabricamos la tela, la imprimimos y confeccionamos las bolsas, todo en la misma planta", dijo Jersonsky. "Reciclamos el 100% de nuestros residuos industriales", agregó.