Violín en bolsa
El ministro de Energía, Juan José Aranguren, había tenido que conceder que repartiría en etapas el plan de aumentos de las tarifas de los servicios públicos a modo de “suavizar” el impacto el índice de precios, por lo que quedaron en carpeta incrementos en el gas para octubre (+9.3%) y la luz para noviembre (+19%).
De modo que, independientemente de lo que se haya maniobrado con los precios “regulados”, como el resto de los bienes y servicios “no regulados” (esencialmente alimentos y bebidas) se aceleraron con respecto al mes anterior no pudo ser domada la inercia, con lo cual la triste conclusión que saca E&R es que “hay inflación porque hay inflación, no porque suben las tarifas”.
Y que aun suponiendo que el gobierno lograra que el resto de los bienes y servicios se incremente menos del +0.9% (+0.4%) promedio mensual en lo que falta del año a fin de que la meta sea incumplida por poco y se esté en línea con la proyectada para 2018 (8%/12%), sentencia que claramente la actual política monetaria impedirá que pueda lograrse.
Por el contrario, advierte que la inflación promedio mensual se volverá a acercar a 1,7%/1,8% promedio mensual si el BCRA no pasa de su actual sesgo expansivo a ser nuevamente contractivo subiendo toda la estructura de tasas, de manera que los instrumentos de absorción vuelvan a ganar fuerza y/o no vendiendo dólares para absorber el sobrante de dinero ganando “plata”.
Lo cierto es que la expansión de la base monetaria excede a la demanda de dinero, de acuerdo con las estimaciones de E&R, en aproximadamente +8,5%, ya que estarían “sobrando” alrededor de $+68.000 M ($866.435 M vs $798.819 M).
Señala como contrapartida inicial de este desequilibrio la suba del dólar, que muestra que la gente utiliza los pesos que “no quiere” para comprar divisas.
Sin embargo, señala que tarde o temprano dicho desequilibrio monetario tenderá a limpiarse (desaparecer), ya sea por las buenas (vía absorción del BCRA, aumentando los pases y/o las LEBACs) o por las malas (aceleración inflacionaria).
Parece un memo dirigido a Federico Sturzenegger la advertencia de que si no se baja la cantidad de dinero colocando más pases, LEBACs y/o vendiendo dólares, el desequilibrio monetario persistirá y la reciente suba del dólar terminará trasladándose a precios, con lo cual la inflación se acelerará.
Parecería que la política monetaria abusó con la absorción a través de las tasas de interés altas y ahora tiene que inyectar pesos en forma neta (por asistencia al Tesoro, compra de dólares y/o cancelación neta de Pases y/o LEBACs) sin la necesaria contraparte, con lo que se incrementa el tipo de cambio.
De todos modos, el “salto” del dólar de los últimos meses llevó a que el tipo de cambio real (con base 1=dic´01) se recuperara hasta alcanzar en julio’17 (1,16) un nivel apenas por debajo de diciembre’17 (1,19).
La incertidumbre por el proceso electoral puede prolongar hasta octubre el ciclo del “dólar ganándole a la inflación”, y así el tipo de cambio real puede subir un “poco más”, pero tarde o temprano volverá al sendero de la apreciación y el dólar se volverá a abaratar.
El tipo de cambio real cerraría el año entre un -4,2% y -1,0% por debajo de su nivel de comienzos de 2017, en el marco de un serrucho que lo hizo concluir julio con una ganancia acumulada de +6,3% (de $ 16,85 a $ 17,94) superior a la de mayo´2017 (+4,6%). Concretó así la mayor suba mensual en 13 meses, desde el 6,7% de junio de 2016 cuando el Reino Unido se pronunció a favor del "Brexit”. De modo que, en los últimos 3 meses, el dólar experimentó una suba de +18% contra una inflación acumulada de +4,6%.
Pero tomando los primeros 7 meses del año, la suba del dólar (+11.5%) “pierde” levemente con la inflación acumulada (+13.9%) en el período.
A los efectos electorales, pesa más que la fluctuación del dólar en el ánimo de la ciudadanía la confirmación estadística de lo que se siente en el bolsillo según el lugar que cada uno ocupe en la pirámide socioeconómica.
Y que suba el piso de inflación afecta en mayor medida a la base, cuantitativamente mucho más numerosa, que en las encuestas ya anticipó con quién se identifica. Los precios de julio hicieron llegar a $13.503 el dinero que se necesita para adquirir lo mínimo para no ser pobre en la Ciudad, 18,6% interanual, que aunque se redujo con relación al 21% que traía en junio, contra el mes pasado, saltó a 1,3%. más del 0,3% de junio contra mayo.
Más que las tarifas, E&R llama la atención de que el intríngulis de la inflación sigue siendo la canasta alimentaria, que en julio aumentó +0.9%), porque es la que más pesa en el índice general y en el de pobreza. Y, a pesar de haberse desacelerado respecto el mes anterior (+1.13%), sigue estando muy por encima de lo “necesario” para cumplir la meta (+0.4%).