Un estudio llevado a cabo por investigadores del Centro de Psicología del Ciclo Vital de Berlín (Alemania) comprobó cómo impacta el consumo de porno en el cerebro.
Afirmaron que el porno afectaba al volumen de materia gris en el cerebro, el tejido neuronal relacionado con la inteligencia. “Encontramos una relación negativa entre la cantidad de horas que los sujetos veían porno y la cantidad de materia gris que se encontraba en el núcleo caudado [uno de los componentes de los ganglios basales, una zona del cerebro involucrada en el aprendizaje y la memoria]”, explicaron los especialistas.
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También comprobaron que el núcleo estriado, la principal vía de entrada de información hacia los ganglios basales, se había reducido en los hombres que miraban más horas de porno.
Los investigadores explicaron que los problemas observados podrían ser producto de una gran estimulación del sistema de recompensa del cerebro, que se activa frente a un estímulo externo y libera dopamina y oxitocina, responsables de las sensaciones placenteras.
Al mirar porno se produce una excesiva descarga de dopamina, que puede generar problemas cardiovasculares, renales, estomacales o endocrinos, entre otros. Pero, cuando se produce esta descarga, el cuerpo necesita producirla nuevamente y se provoca un círculo vicioso.
El cerebro, además, reduce su actividad en los centros de recompensa. Cuanto más porno mira una persona, menos actividad del cerebro, según explicó un estudio publicado en Archives of General Psychiatry. Por lo tanto, el cerebro necesita de más dopamina para sentir el mismo efecto.
“Los cerebros responden al cambio químico. Cuando se libera la dopamina y hay una sensación de placer, el cerebro primitivo envía el mensaje a repetir el comportamiento de la sensación deseada”, explicó Joe Schrank, especialista en adicciones.
En este sentido, un estudio realizado por la Universidad de Cambridge (Reino Unido) afirmó que el cerebro de las personas que miran mucho porno reacciona de la misma forma en la que lo hace el de las personas adictas a las drogas. Los usuarios compulsivos sentían muchas ganas por ver los vídeos, pero su deseo sexual no aumentaba.