Castelli tuvo un protagonismo muy importante en todos los acontecimientos a partir de 1807 y en 1810 fue quien, con Martín Rodríguez irrumpieron en la sala del fuerte de Buenos Aires y le exigieron al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros la convocatoria a un Cabildo Abierto.
Juan José Castelli
Cisneros fue "el Orador de la Revolución", y no sólo el 22/05/1810. Vocal de la 1ra. Junta (y luego de la Junta Grande), fue enviado al frente del Ejército del Norte a partir del 06/08/1810: Santiago de Liniers quiso organizar la contrarrevolución a la Revolución de Mayo, y Castelli, quien al igual que Moreno apoyaba la pena de muerte, ordenó su ejecución.
Durante toda su vida activa, Castelli tuvo una relación muy difícil con los obispos católicos, la mayoría en contra de la Revolución, con la excepción del arzobispo de Charcas, Benito María de Moxó, quien ofició una misa en homenaje a la Junta de Mayo, y donó 6.000 pesos para el Ejército y la biblioteca de Buenos Aires.
Castelli era considerado un jacobino, como Mariano Moreno. En mayo de 1811, proclamó en Tiahuanaco el fin de la servidumbre indígena en Alto Perú y convocó a la unidad por la libertad de todo el continente. Pero no le fue bien con los aborígenes, que siempre hacían un doble juego, y muchos integraban los ejércitos españoles.
En tanto, le ganaba enemigos su ferocidad contra quienes consideraba que frenaban la Revolució.
Y algunos en el Alto Perú hablaron de sus “pedanterías porteñas”. Algo ocurrió entre los patriotas, que los llevó a la desunión que pagaron en junio con la derrota en Huaqui.
Castelli recibió la orden de regresar a Ciudad de Buenos Aires donde fue juzgado, cruelmente, por “traición”.
Por entonces, Mariano Moreno ya estaba muerto; Domingo French, Antonio Beruti y Saturnino Rodríguez Peña ya eran opositores, Antonio Balcarce estaba cuestionado, el sacerdote Mauel Alberti iba al infarto mortal, Manuel Belgrano también era cuestionado luego de la campaña a Paraguay, y Cornelio Saavedra era confinado en San Juan.
Los últimos meses de Castelli fueron terribles: orador de la Revolución le cortaron la lengua por un cáncer de lengua, y el deán Gregorio Funes, le escribirá a su hermano Ambrosio su alegría macabra.
Luego, la miseria avanza sobre la familia Castelli. En tanto, su hija Ángela, se pone de novia con el coronel saavedrista, Francisco Igarzábal. Castelli se opone cuando su esposa, María Rosa Lynch, apoya la relación. Los novios se escapan de Buenos Aires: un escándalo para la época.
Castelli muere el 12/10/1812. Dicen que el máximo de presentes a su entierro fueron 15 personas, probablemente hermanos masones. No hubo discursos de despedida. Tampoco honras oficiales.
Castelli no podía hablar y le pidió un papel al médico porque sabía que se moría, y garabateó: “Si ves el futuro, dile que no venga”.