El propóleo se usa para tratar catarros, resfriado, gripe, sinusitis, otitis, laringitis, bronquitis, asma bronquial, neumonía crónica o tuberculosis pulmonar. Sus propiedades antibióticas y antivirales ayudan a combatir y calmar estos síntomas.
Se lo llama también resina natural de las abejas y es un buen antibiótico y antiséptico. Favorece la capacidad de defensa del organismo, motivo por el que se lo considera como un gran agente inmunitario.
Al tener un alto valor vitamínico es bueno para combatir todo tipo de patologías relacionadas con la garganta como laringitis, faringitis, anginas, incluso problemas bucodentales.
Se usa para cuidar las cuerdas vocales, ya que protege esta parte de la garganta de infecciones y de los problemas generados por el frío.
Respecto al aparato circulatorio, tiene efectos vaso-dilatadores e hipotensores, disminuye la fragilidad capilar, inhibe la oxidación del colesterol y normaliza la tensión arterial.
En el aparato digestivo, ayuda a regular el apetito y a la regeneración de úlceras. Es un protector hepático y previene las parasitosis.
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También sirve para el cuidado de la piel. Es efectivo para curarla, hidratarla y cicatrizarla, contra las micosis y hongos. En el acné funciona muy bien en forma de crema o para lavarse la cara diluido en agua.
Además se usa para tratar algunos problemas ginecológicos, como los picores o las inflamaciones vaginales.
En cuanto a la salud bucal, es bueno utilizarlo por sus propiedades antisépticas, antibióticas y anti-inflamatorias. Estimula la generación del esmalte dental e impide la formación de caries y placa bacteriana.
A pesar de todas sus propiedades, no se aconseja el uso del propóleo en niños, mujeres embarazadas o personas que padezcan un asma demasiado fuerte y en personas alérgicas.
Lo más recomendable es adquirirlo en una farmacia ya que se controla su conservación y propiedades. Asimismo es preferible que el consumo al principio sea muy bajo para ver cómo reacciona el organismo.