La pregunta en este caso es: ¿no advirtió de esta tendencia a su asesorado Macri para que se abstuviera de salir a simpatizar públicamente con la candidata demócrata, cuando como buen gurú que es, “sabía” que las redes sociales estaban con su contrincante? ¿Qué necesidad había de que la canciller Susana Malcorra se jugara tan abiertamente por Hillary, en lugar de guardar una prudente distancia?
El columnista de La Nación, Joaquín Morales Solá, escribió en la tapa del matutino que Macri está forzado a un replanteo. ¿Cuál? Los respectivos embajadores en Buenos Aires y Washington, Noah Mamet (un hombre del riñón político del saliente Barack Obama) y Martín Lousteau (un aliado rebelde de Cambiemos), coincidieron sin embargo en aclarar que la relación bilateral estaba asegurada institucionalmente, más allá del relevo decidido por la ciudadanía americana para la Casa Blanca.
El inventario bilateral da hoy que las exportaciones argentinas a EE.UU. alcanzaron los US$ 3.828 millones en 2014 (una disminución del 9,2% comparado con US$ 4.214 millones en 2013) y las exportaciones de EE.UU. hacia Argentina alcanzaron los US$ 8.907 millones en 2014 (un aumento de 10,5% comparado con los US$ 8.063 millones en 2013). Lo dice la representación diplomática en Buenos Aires.
Transcurrida la segunda madrugada del “sorpresivo” resultado, nadie (ni el propio Trump) sabe cómo pasará en limpio al ejercicio real y cotidiano del poder las bravuconadas que lanzó en la campaña electoral para seducir a un electorado que se manifestaba, con razón o sin ella, harto de pagar con sus ilusiones de progreso las que cree que son crisis ajenas: refugiados, inmigrantes, traficantes, especuladores, etcétera, etcétera.
Por de pronto, la tapa de La Nación rescata como único dato nuevo, que para la grieta argentina no es poco, las primeras palabras de Trump ya consagrado vencedor: su llamado a la unidad a un EE.UU. “perplejo”, calificación con la que Durán Barba no se mostró de acuerdo porque insistió en que las redes sociales lo venían anunciando.
Macri sabe, o debería saberlo si leyera la brochure de la embajada de Estados Unidos en Argentina, que a pesar del default de la deuda, del sainete del kirchnerismo con el juez Griesa, del decomiso de un avión militar de EE.UU. que hizo “para la foto” el ex canciller Héctor Timerman, emulando al futbolista capitán del seleccionado argentino, Antonio Ubaldo Rattín, cuando le pisó la alfombra a la Reina en el Mundial de Londres de 1966, el País del Norte sigue siendo “el 4to. destino de las exportaciones de Argentina (5,7% de las exportaciones totales) y el 4to. mercado de origen de las importaciones (12% de las importaciones totales). En términos de Inversión Externa Directa (IED), Estados Unidos es el 1er. país de origen en términos de stock y el 1ero. en términos de flujo para el período 2005-2013”.
Y que “más de 500 compañías estadounidenses tienen presencia en el país”. En ningún caso, el sillón de la Casa Blanca decide si van a dejar de invertir o no, sí puede determinar si los bancos multilaterales y de fomento regional prestan dinero “blando” o no, tal como ya sucedió en la pésima relación que cultivó la administración de CFK con la de Obama, luego de que su esposo Néstor Kirchner le hiciera un desaire público a George Bush en aquella cumbre de Mar del Plata junto a Hugo Chávez.
Sin necesidad de este comicio del otro lado del continente, Macri ya venía empujando la incorporación de Argentina y del Mercosur a los tratados comerciales del Pacífico y con la Unión Europea, además de ratificar los entendimientos con China y Rusia. El único tachado de la lista es el que firmara con Irán, Cristina Fernández de Kirchner, en torno del cual gira la muerte aún no esclarecida del fiscal que lo denunciaba y responsabilizaba al gobierno K, Alberto Nisman.
¿Llegará hasta la conformación de los subbloques regionales en los que participa Estados Unidos el proteccionismo pregonado en la campaña por Trump? Chi lo sa.
Un palito para Cristina
Clarín, implícitamente, le dedica el título de la portada a Cristina: “Tras el impacto, Trump y Obama buscan una transición moderada”. La tradición democrática de EE.UU. lo torna casi una obviedad. Sin ir más lejos, cuando se fue un conservador como Bush con el 11S a cuestas y lo relevó un demócrata de raza negra y ancestros musulmanes, luego reelecto por otro período, las instituciones funcionaron normalmente. Y ahora, por más que a Trump lo hayan recibido con alguna movilización espontánea en su contra por la 5ta. Avenida de Manhattan, a nadie se le ocurre amenazarlo con interrupciones del mandato. El “sistema” democrático no prevé dejarle “bombas” a los que vienen, ni violar protocolos como el del bastón y la banda presidencial.
Para Estados Unidos es normal que Obama haya abierto rápidamente las puertas de la Casa Blanca al sucesor elegido por el pueblo y se haya puesto a su disposición. O que la derrotada Hillary Clinton haya declarado, aún con el amargo sabor en la boca, que esperaba que el nuevo Presidente haga un buen gobierno. En todo caso, El País le recuerda que Obama y Clinton invocan ante él la democracia.
Los progres argentinos no comulgan con esas prácticas, sobre todo cuando están del otro lado del mostrador del poder, como ahora, tras ser legítimamente derrotados en las urnas. Página/12 recuerda los dichos de campaña del Presidente electo: lo del muro con México, irse de los tratados de libre comercio (¿y en qué quedó el “Alcarajo”?), recortarles impuestos a los ricos, acabar con la tarjeta médica de Obama y expulsar a los inmigrantes.
Ya instalado en la tarima, el discurso de Trump fue gobernar para todos, en los que se supone que están incluidos los de la lista que refresca Página/12, para lo que deberá transformar metáforas en administración de políticas. Por algo el presidente de México, Enrique Peña Nieto, en pleno derrumbe de su peso por el coletazo electoral, lo invitó a charlar como buenos vecinos pese a la amenaza de construir un muro en la frontera.
Los diarios especializados especulan (¿qué otra cosa podrían hacer?) con la repercusión que podría tener en la economía nacional la asunción de Trump en la Casa Blanca. Ámbito, aún a sabiendas su redacción proveniente de los tiempos fundacionales de Julio Ramos de que los intereses no tienen color político, despliega las consignas K con las que comulgan ¿ideológicamente? los accionistas y hablan de dudas y peligros en la propuesta de portada, como crónica de una jornada que empezó con el derrumbe de las bolsas asiáticas y repechó con la subida de Wall Street.
Lo admite BAE Negocios: empresas y mercados pasaron del pánico a la expectativa, mientras Trump prefirió seguir su diálogo íntimo con el electorado instándolo a “renovar el sueño americano”.
El Cronista Comercial aprovecha el “efecto” y le aconseja al gobierno bajar la emisión de deuda, una medida que se comparece más con la marcha de la economía al cabo del primer año de gestión de Mauricio Macri que con lo que vaya a hacer o dejar de hacer el mandatario entrante. Reproduce un comentario del Financial Times (“la biblia” para los inversores de cuño): “Un resultado que desafía el orden liberal global.”
En el pequeño rincón que le queda a la Argentina, como uno de los 196 países que integran los 5 continentes con los que Estados Unidos tiene alguna relación, están pendientes de inversiones privadas comprometidas (según AmCham) casi US$ 18 mil millones, en las que seguramente ningún gobernante tomará arte ni parte. Tampoco lo hubiera hecho Hillary en caso de haber sido la vencedora.
Quizá Argentina esté más presente en la agenda personal de Trump este jueves 10/11, cuando el seleccionado de AFA visite a Brasil por las eliminatorias del Mundial 2018 en Rusia, al que nadie (y menos un magnate como el Presidente electo de USA) imagina sin Leo Messi.