> En los países avanzados la tasa de fertilidad promedio es de 1,6 nacimientos por mujer y la tasa de fertilidad adolescente de 10 nacimientos por cada 1.000 mujeres.
> En la Argentina estas tasas son de 2,2 y 54, respectivamente.
> Es decir que, mientras la tasa general de fecundidad es un 38% más alta, la tasa de fertilidad adolescente es más de 5 veces superior a la de los países avanzados.
Estos datos muestran la enorme distancia que separa a la Argentina de los países avanzados en materia de maternidad adolescente. Entre las mujeres con menos de 20 años de edad, en la Argentina hay 5 veces más nacimientos que en los países desarrollados. La alta tasa de embarazo adolescente en Argentina debería atenderse con políticas públicas a la luz de que la experiencia de los países avanzados sugiere una fuerte asociación entre reducción de los embarazos a edades tempranas y progreso social.
El programa ejecutado en República Dominicana busca mejorar la empleabilidad de las adolescentes para elevar la autoestima y las expectativas sobre su futuro. Para ello incluye 150 horas de educación técnica, 75 horas de desarrollo de habilidades socio-emocionales y 3 meses de prácticas en empresas.
El estudio de impacto difundido por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destaca que las adolescentes mejoraron sustancialmente sus expectativas respecto a conseguir un mejor empleo, ser propietarias de un negocio, vivir en un mejor barrio y ofrecer una vida mejor a sus hijos. Esto redundó en que muchas adolescentes postergaran la maternidad.
Un programa de estas características en la Argentina podría hacer que haya 24.000 nacimientos de madres adolescentes menos. Esto se explica porque en Argentina se producen aproximadamente 120 mil nacimientos de madres adolescentes cada año. Por esta vía, se podría hacer una contribución importante en el combate a la pobreza estructural. Pero, para ello, se requiere una actitud seria y profesional en lugar de minimizar el problema a través de las manipulaciones en el INdEC o directamente negando su relevancia. Aun así, la enorme brecha con los países avanzados demuestra que el embarazo temprano demanda un abordaje más integral e intenso desde las políticas públicas.
La maternidad adolescente no sólo se origina en nacimientos no deseados sino también en la falta de proyectos de vida. Ante la ausencia de oportunidades y perspectivas desalentadoras, la maternidad aparece como la última y única alternativa para generar una identidad y dar sentido a la vida.
Por el contrario, cuando a las jóvenes se les ofrece una vía para ser artífices de su progreso a través del estudio, la capacitación y el acceso a buenos empleos, sus actitudes en relación a la maternidad cambian. Esto señala el déficit de los programas asistenciales tradicionales, como la Asignación Universal por Hijo. Al limitarse a transferir ingresos tienden a perpetuar la pobreza. Pero si junto con las transferencias monetarias se contemplaran acciones que estimulen entre las jóvenes la construcción de proyectos de vida, se convertirían en potentes herramientas de promoción social.