D’Onofrio se ilusiona con superar la asistencia que se registró en 2009, cuando sobre un universo de 30.600 socios, concurrieron a votar 14.237 (46,53% del padrón). Deberá recordarse que en aquella circunstancia, D’Onofrio perdió por 6 sufragios a manos de Passarella, y que el gran elector fue Caselli. Cuando el embajador de la Orden de Malta en la Argentina fue informado que ya no podía alcanzar a D’Onofrio, le transfirió 200 votantes a Passarella y hasta lo asesoró acerca de cómo presionar a su rival.
Caselli apostó a una suerte de alianza (¿cogobierno?) con Passarella, pero éste prescindió de Caselli apenas asumió como presidente de River Plate.
De todos modos, cabe preguntarse por qué Caselli creyó que Passarella era una mejor opción que D’Onofrio aquella tarde de diciembre de 2009. O si acaso prevaleció en él su capricho o su orgullo herido, por sobre los intereses de River Plate. El apoyo de Caselli a Passarella, y su posterior desilusión, obliga a recordar un caso que la sociedad argentina conoce muy bien: el de Eduardo Duhalde (de cuya Administración participó el padre del embajador) y Néstor Kirchner.
¿Qué ofrecía Passarella que no fuese una precariedad tal que casi no lograba completar la lista de candidatos? Mucho menos tenía un plan. Ni hablar de idoneidad. Bah... lo que todos conocen de los 4 años recientes. Ninguna novedad.
Quedará aquel recuerdo de un Caselli que, sometido a presión, decidió vengarse de quien él creía le quitaba la satisfacción del triunfo (algo así como“si no es para mi, tampoco será para vos”), convirtiéndose en el factor de la victoria de un 3ro. en discordia, antes que analizar qué le convenía más a River Plate, y lo decidió sin exigir garantías mínimas de que Passarella gestionaría correctamente el club de Nuñez. Curiosamente quien propone “La vida por los colores”, no aplicó ese principio en aquella ocasión.
Más tarde, Caselli se limitó a victimizarse por la traicion de Passarella (algo así como "Yo no sabía que era tan traidor"), tal como Duhalde hace con Kirchner, algo que al menos en la política convencional no ha resultado suficiente para satisfacer a los electores opositores a Kirchner.
Pero los socios de River Plate (los simpatizantes que no son socios no tienen voz en la elección) tuvieron que soportar, por aquella decisión de Caselli, los resultados de la Administración Passarella, que fue pésima, peor que el horripilante 2do. mandato de José María Aguilar, y su ‘monje negro’, Mario Israel.
No obstante, tampoco hay que cargar las tintas sobre Caselli, exclusivamente. Resultaría interesante conocer qué vieron en Passarella quienes votaron por él en 2009. Muchos de esos socios se quejaban en voz alta cuando River emprendió el oprobio del descenso al Nacional B pero nunca asumieron su cuota de responsabilidad en todo lo que sucedía. Ellos también son autores de la mediocridad. En verdad, lo único que salvó a Passarella de un caos institucional fue que Boca Juniors, el eterno archienemigo, ha tenido en el período una performance tan decadente como la de River.
Desde luego que hay que reconocerle a Caselli sus innegables virtudes: enorme capacidad de trabajo, en una dedicación casi exclusiva; pormenorizado conocimiento de la burocracia y la situción de River; y decision de ‘jugar fuerte’ siempre.
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Luego, reflexionando desde otro punto de vista, también D’Onofrio tuvo su cuota de responsabilidad en lo ocurrido. Para muchos, el ex presidente de la aseguradora La Caja ha oscilado entre el escaso apego por el proselitismo hasta una particular arrogancia, en particular hacia muchos de sus colaboradores, sin que pueda conocerse el fundamento de esa actitud.
En el caso del comicio venidero, habrá quienes afirmen, si la suerte le fuese adversa a D’Onofrio, que él comenzó muy tarde su campaña y que priorizó ir a jugar al golf en Europa en vez de arremangarse y salir a buscar los sufragios imprescindibles.
En ese punto aparece también lo del personalismo de D’Onofrio. Su lista se titula “Un equipo, un presidente para River”, ¿por qué destacar al presidente del equipo? ¿Vanidad? ¿No es lo que hicieron Aguilar y Passarella y le fue mal a River? Una entidad con los problemas de River precisa de solidaridad y fraternidad.
De todos modos, los socios de River no deberían creer en el gran cambio inmediato. Papá Noel no existe. Ni los Reyes Magos. River tiene problemas financieros abultados, un considerable déficit en el mantenimiento de su infraestructura para los socios, y no puede hacerse ilusiones en lo deportivo: tiene un cupo limitado a apenas 2 incorporaciones para el próximo campeonato.
No hay espacio para proyectos faraónicos en River Plate. Las grandilocuencias son cazabobos. Por un lado, porque no hay mercado para ese producto en la Argentina en crisis económica. Por otra parte, porque no está claro el futuro del Fútbol para Todos, el subsidio estatal que vía la televisación de los partidos, se distribuye entre la productora La Corte y la Asociación del Fútbol Argentino.
Luego, hay que considerar que el negocio cambió. Aquellos días cuando River vendía un par de jugadores por año al fútbol europeo y así obtenía la liquidez suficiente, quedaron atrás. Ni River produce tantos futbolistas apetecibles para los grandes clubes europeos (el último fue el mal vendido Erik Lamela) ni su oferta de servicios a los socios puede atraer al consumidor de mayor capacidad de consumo.
En verdad, se imponen proyectos más modestos, de saneamiento financiero, de reducción de gastos, de mejora en la administración, de transparencia en las prácticas comerciales, de fútbol más eficiente en el gasto. Son lo tiempos de modelos como el de Lanús, Vélez Sarfield, Arsenal de Sarandí o Newell’s Old Boys. Lo de San Lorenzo de Almagro es una coyuntura especial gracias a Marcelo Tinelli, Cristóbal López y una apuesta por el endeudamiento… No es un esquema sustentable en el mediano plazo.
Es de esperar que los socios de River Plate tengan más suerte que la sociedad argentina en su conjunto en conseguir cambios comprobables. En general, quienes prometen muchos cambios, luego les cuesta bastante concretarlos. Y que cada uno asuma su responsabilidad en lo que ocurrió en los 4 años que pasaron. En especial, que los pequeños caprichos no vuelvan a condicionar a todos.