Pues, les basta con levantar la mano para aprobar las gestas del oficialismo, elogiar a "nuestra querida y valiente Presidente", y no mucho más.
- la diputada Mayra Mendoza (quien fue pareja de José Ottavis, el actual vicepresidente de la cámara de Diputados bonaerense, denunciado por su ex mujer por violencia de género);
- la pampeana María Luz Alonso (entró al Congreso con un solo antecedente en su CV: haber sido la secretaria de Mayra en la Anses);
- Andrés Arregui (exintendente de Moreno, quien no habló en todo 2012 y recién presentó proyectos hacia fin de año);
- Anabel Fernández Sagasti;
- Marcos Cleri;
- Leonardo Grosso (entró representando a una juventud prima hermana de La Cámpora, la Evita, hoy mimetizado con los muchachos de Cristina. "Adoptado" quizás por ser uno de los pocos jóvenes que puede articular un discurso);
- Andrés El Cuervo Larroque (secretario general de La Cámpora y delegado personal de Máximo Kirchner, quien es diputado nacional por Capital. Manifestó el único discurso que tuvo repercusión pero que terminó en un escándalo);
- Horacio Pietragalla Corti (hijo de desparecidos, quien se dedica a presentar proyectos de resolución conmemorativos);
- El tucumano Marcos Santillán;
Los colegas de la oposición adjudican la falta de brillo de los jóvenes K a la carencia de preparación para afrontar un debate en el Congreso, que requiere algo más que consignas vacías, que sirven tan sólo en televisión, territorio de gatillo fácil, en términos discursivos.
Aunque no todo el mutismo de La Cámpora en el Congreso se debe a la falta de consistencia de sus integrantes:
El caso de Eduardo Wado de Pedro, muy preparado, abogado y con un máster en administración pública, quien podría ser para Cristina una especie de Axel Kicillof en el Congreso, tiene otro problema: