La energía eólica, una chance que se escapa
SAN JUAN (Diario de Cuyo). En la Argentina, no sabemos por qué ocultos intereses, existe una renuencia oficial para impulsar el desarrollo de la energía eólica, una de las mejores alternativas de que se dispone actualmente, para procurar corregir el enorme déficit energético que padece el país el cual, seguramente en tiempos que vienen, se agudizará hasta extremos de que los sectores productivos y hasta el simple ciudadano, afrontará un caos difícil de solucionar.
Y la indecisión gubernamental es más incomprensible aún, si consideramos que en nuestro territorio soplan, según los expertos, los mejores vientos del mundo, particularmente en la estepa patagónica con muy baja vegetación, y en la costa bonaerense.
La generación eléctrica, mediante molinos de viento, es mucha más barata que los sistemas tradicionales y el recurso utilizable (el viento) es prácticamente inagotable y no contaminante. Además, la energía eólica no es una utopía o una quimera de quienes buscan ansiosos métodos alternativos de generación eléctrica. Ahí están los magníficos esfuerzos de Alemania, que actualmente cuenta con instalaciones que producen alrededor de 21.000 megavatios. Le siguen España y USA, cada uno con 12 mil megawatts (MW). Sin embargo, Argentina, con los mejores vientos continentales, apenas entrega al mercado 27 MW eólicos.
La velocidad promedio del viento en Pico Truncado, Santa Cruz, es 1,7 veces mayor que los vientos que se registran en el estuario del Elba, donde Alemania tiene las mayores instalaciones de este tipo. Más aún, si una turbina instalada en el país teutón estuviera en la Patagonia, generaría 5 veces más que en su lugar de origen. Quiere decir que mientras la prestación eólica crece a pasos agigantados en Europa (Alemania, España y Dinamarca); en USA, China, India y Brasil mismo (provee 256 Mw), nuestro país sigue sin aprovechar las ventajas naturales que dispone.
Pero el tema no se agota ahí, sino que amén de no generar la cantidad de energía eólica que puede, el país se pierde la creación de entre 6.000 y 15.000 puestos de trabajo, porque dispone de capacidad técnica necesaria para fabricar los molinos con componentes nacionales.
El doctor Erik Spinadel, presidente de la Asociación Argentina de Energía Eólica (AAEE), ha señalado que "básicamente se ganará desarrollo tecnológico, puestos de trabajo calificados y exportaciones de alto valor agregado". Y esto tiene su razón de ser porque en Europa, por ejemplo, la demanda de molinos supera la capacidad de fabricación, de modo que buscará en países emergentes la provisión de las turbinas.
Claro que así como son más las voces que incentivan el desarrollo de la energía eólica, hay otras que reniegan de su eficacia, como la doctora Laura Giumelli de la AAEE, que señala que Argentina sólo podría producir 300 megavatios debido a que el viento nunca es constante, sino intermitente, o que produce deterioros en las redes de transporte de la energía. Sin embargo, señala, el problema se podría salvar con las nuevas redes eléctricas de estructura de malla cerrada, tal como se usa en Europa y USA, lo que es factible, porque Argentina alcanzó una gran evolución técnica para asumir esos desafíos. Ya sabemos la calidad de las turbinas que fabrican la empresa estatal INVAP dedicada a la energía no tradicional o la privada IMPSA, con gran experiencia en la materia.
La Argentina comenzó a incursionar en la energía eólica, pero en base a esfuerzos muy puntuales, sin responder a una política definida activa. El gerente de IMPSA, Emilio Guiñazú ha sido concluyente en sus expresiones, al señalar que "los políticos deben entender las ventajas de esto (la energía eólica), la más obvia de las cuales es que se genera energía renovable, sin emisión de gases con efecto invernadero, a un costo muy competitivo si comparamos con lo que ocurre con la generación actual de energía eléctrica con los métodos tradicionales, la cual cuesta u$s 150 el MW, mientras la eólica cuesta alrededor de la mitad".
Lo cierto es que los hombres y organismos que deben tomar las decisiones, tienen que admitir que la energía eólica es prácticamente la única salida a la mano para superar el cada vez más creciente déficit energético. "Venimos trabajando desde hace cinco años y creo que en un par de años más la energía eólica será una realidad en nuestro país", dice Guiñazú con gran confianza y esperanza, aunque todo depende de una urgente decisión política.