¿Rivales o aliados?
Nacido en Gujarati, pero criado en el Hong Kong cantonés -ambas tribus son descaradas y materialistas- desde hace mucho tiempo conozco bien las idiosincrasias china e india y lo que cada una piensa de la otra. Algo que solía ser francamente feo. Las percepciones y actitudes, generosamente condimentadas con epítetos raciales, en términos generales son de la siguiente manera: para los chinos, los indios eran pobres, supersticiosos y sucios; para los indios, los chinos eran groseros, ateos, y sucios. Hong Kong no es un microcosmos de Chindia, pero refleja cómo, al igual que China e India han cambiado, también lo han hecho los estereotipos. Si antes los chinos asumían que yo era el chofer de alguien, ahora piensan que soy un empresario de tecnología o de la banca de inversión. Los indios también ven algo nuevo en los chinos, pero a menudo solo en 2 dimensiones superficiales: la riqueza y el poder.
En su libro, Meredith cita al magnate indio Ratan Tata diciendo: "China es la fábrica del mundo, la India puede ser el centro de conocimiento de esta región... Si nos orientamos a trabajar juntos, podemos ser una fuerza formidable de 2 naciones". Eso es ambicioso y tal vez poco realista. China y la India fueron alguna vez almas gemelas -a través de la migración del budismo hace unos 2.000 años. Más tarde, el monje indio Bodhidharma viajó a China para difundir el mensaje del Zen. China hizo el camino inverso: el devoto peregrino Xuanzang, después inmortalizado en la clásica novela de Ming ´Viaje al Oeste´, y el gran explorador Almirante Zheng He. Fue una época de descubrimiento mutuo. En el siglo 17, el Reino Medio y el subcontinente eran potencias comerciales del planeta. Luego, se enredaron en sus propios mundos de feudalismo y colonialismo -una dinastía decadente en China, el Raj británico en la India- seguido por décadas de revolución y socialismo. Las relaciones modernas entre los dos países se caracterizaron sobre todo por la sospecha, y la ocasional guerra fronteriza.
El período contemporáneo es más amigable, sin embargo, las tensiones no están muy lejos de la superficie. A pesar de que ambos gobiernos hablen de paz y prosperidad, China está creando una "cadena de perlas" en el Océano Índico, inquietando a Nueva Delhi, India, e India está hablando de petróleo y gas en el Mar Meridional de China, provocando la ira de Beijing. Más aún, la estrecha vinculación económica entre las naciones que a menudo previene conflictos no existe con la suficiente fuerza entre China y la India. Las inversiones chinas en la India son aproximadamente el 0,05% del total mundial, mientras que la inversión directa de la India en China es tan baja que no figura en muchos cuadros comparativos. El comercio bilateral está creciendo (en especial las exportaciones chinas a la India), pero sigue siendo una pequeña proporción de su total global. Visto su tamaño y presencia, los 2 están mas lejos y menos conectados de lo que deberían estar. Sorprendentemente, sólo algunas de las ciudades de ambos países tienen vuelos directos.
Las casas en orden
Antes de rescatar al mundo, China e India necesitan arreglar sus propias economías y sociedades. Tendrán que enfrentarse a algunas malas noticias. El crecimiento se está desacelerando, aunque en el caso de China esto ayuda a enfriar una economía recalentada. En ambos países, las exportaciones están decayendo, la inflación está en niveles altísimos, la desigualdad del ingreso está alcanzando proporciones abismales, y las injusticias, como la apropiación de tierras, viene desatando protestas generalizadas. El amiguismo es una plaga. Los 2 países han sacado a millones y millones de la pobreza (a pesar de que China ha hecho un mejor trabajo), pero un sinnúmero de otros millones -jóvenes, trabajadores, agricultores- son marginados y se encuentran desesperados por adquirir medios de vida decentes.
Si bien China no sigue las reglas, la India tiene demasiadas reglas a seguir. China está, si no en un punto de no retorno, por lo menos en un punto de inflexión, luchando por contener las burbujas de activos y los préstamos incobrables e intentando reequilibrar su economía estatalmente dirigida con los consumidores en la mira. La reputación de la India, por su parte, ha sido tan debilitada por la corrupción que las empresas más importantes del país han contratado a la consultora estadounidense Bain para elaborar una campaña de "India creíble”
Percepción vs. realidad
Por lo menos la India cuenta con una mejor imagen en el mundo que China. Occidente, en particular, ve a su par a través de un prisma romántico e ideológico. India es Gandhi, yoga, comer-rezar-amor. Un elefante suave, un exportador de productos no injustamente infravaloradas sino articulados y urbanos, con CEOs de Mumbai iguales a los de New York. China, en cambio, es el "aceite de alcantarilla", el país que amamos odiar. Un dragón de fuego en lugar de un panda de peluche. Mercantilista, rapaz, amenazante, resentida aún cuando es cortejada.
Hay 2 razones para esta dicotomía: el perfil y la arrogancia de Beijing son más grandes que los de Nueva Delhi, lo que permite a la India escapar de la misma vigilancia. Por otro lado, la India es una democracia, mientras que China es un Estado autoritario. Todos los años, los líderes de Beijing han sistemáticamente reprimido la disidencia política y la actividad en el ciberespacio; no se hubiese tolerado, por ejemplo, el veranillo de protestas contra la corrupción en Nueva Delhi. (¿se acuerdan de Tiananmen?) Sin embargo, la dura realidad nos dice que la India no es tan libre como dice ser. La democracia no se traduce necesariamente en buen gobierno. Las instituciones de la India son débiles, los abusos de los derechos humanos no son desconocidos, y el dinero y el poder a menudo compran impunidad. "Los pobres de la India [tienen] un voto", escribe el autor Aiyar, "pero [eso] no se equipara con tener voz”. La India incluso tiene su propio Tíbet: no me refiero a Dharamsala, sino a Cachemira.
¿Cuál es el camino económico sostenible -el capitalismo de Estado o la empresa privada-? ¡Cual será la sociedad más duradera? ¿Qué país tiene un fuerte sentido de destino? El planeta entero quiere y necesita saber". El debate está abierto.