* Caracterización de la condición
La EM es una enfermedad crónica, inflamatoria y neurodegenerativa que afecta el sistema nervioso central. Durante el desarrollo de esta afección que comienza a manifestarse entre los 30 y 40 años de edad y cuyas causas aún no han sido determinadas en forma concluyente, las propias células del sistema inmune atacan la mielina, un conducto compuesto de grasas y proteínas que rodea las fibras nerviosas. Este ataque provoca un daño que causa deficiencias en la conducción nerviosa y la consecuente pérdida de las funciones neurológicas.
Por lo general, quienes padecen esta enfermedad, unas dos millones y medio de personas alrededor del mundo, son adultos aunque puede diagnosticarse luego de la segunda década. Las mujeres son las más afectadas presentándose una relación dos a uno con respecto a la prevalencia de la EM en el sexo masculino.
Dado que el curso de la enfermedad es variable y que existe una amplia variedad de síntomas, el diagnóstico no sólo no es sencillo, sino que además debe basarse en una minuciosa historia del paciente, así como también en un examen neurológico exhaustivo que comprenda imágenes de resonancia magnética y análisis del líquido cefalorraquídeo entre otros.
* Posibilidades de tratamiento
En la actualidad, existen dos posibilidades para abordar la EM. Una es la terapia con Interferón Beta, y la otra, la ya mencionada monoterapia con Acetato de Glatiramer.
Hasta el momento el interferón beta, un medicamento biológico perteneciente a la categoría de los "inmunomoduladores", es el más utilizando dado que su acción previene episodios de síntomas, también llamados recaídas, y desacelera el desarrollo de la discapacidad en los pacientes.
No obstante, recientes investigaciones han demostrado que el Acetato de Glatiramer actúa enfrentando todos los aspectos de la patología, reduciendo la inflamación, controlando la neurodegeneración e intensificando la reparación axonal.
De acuerdo con el doctor Jorge Correale, médico neurólogo, Jefe de la Sección Enfermedades Desmielinizantes del Instituto FLENI y otro de los disertantes de la IV reunión Latinoamericana, "el reconocimiento de que la EM es en parte un proceso neurodegenerativo impone abordar de manera crítica la patogenia de la enfermedad, a fin de considerar nuevas estrategias de tratamiento".
Con respecto a las diferentes posibilidades terapéuticas, el especialista quién también se desempeña como vicepresidente del Comité Médico Asesor EMA, concluyó: "Si bien el interferón tiene un alto impacto sobre la calidad de vida, cuando se trata de determinar la eficacia de una droga para la EM, lo primero que hay que hacer es ser realistas y admitir que éstas no la curan. Sin embargo, si tenemos en cuenta que esta enfermedad afecta a gente muy joven, podemos decir que gracias a la terapia los pacientes podrán tener una mejoría y lograr el control no sólo de los brotes, sino también de los efectos secundarios".