Las terribles secuelas del tsunami y la No Atención de los sobrevivientes
A 2 años de haber sufrido una de las mayores catástrofes naturales registradas en la historia, la isla indonesia de Sumatra afronta su reconstrucción bajo la sombra siempre amenazante de que se pueda a reproducir el pasado.
Aunque Banda Aceh sea el bastión espiritual del islam en Indonesia, el país musulmán más populoso del mundo, sus habitantes jamás podrán olvidar la Navidad de hace 2 años.
Ese paradisíaco lugar de la isla de Sumatra fue el más afectado por el tsunami que barrió las playas del Océano Índico el 26 diciembre de 2004 y provocó 220.000 víctimas mortales, 168.000 sólo en Indonesia.
En Banda Aceh, la ciudad costera de 3 millones de habitantes arrasada por las olas gigantes del maremoto, los efectos de la tragedia todavía resultan visibles. Para empezar, en Lambaro, a pocos kilómetros del aeropuerto, se erige una fosa común donde hay enterrados 42.000 cadáveres.
La mayoría de ellos fallecieron en Ulee Lheu, la 'zona cero' del tsunami, a pesar de hallarse a 2 kilómetros del litoral. La fuerza de las olas fue tal que el mar penetró 8 kilómetros tierra adentro, destruyendo todo lo que encontró a su paso y arrastrando un barco de 60 metros de eslora que aún sigue varado entre las casas, algunas de ellas aplastadas bajo sus 500 toneladas.
Cerca del Apung 1, el navío que se alza fantasmagórico en un secarral pelado de árboles donde el sol cae a plomo, Amar termina su nueva vivienda. Hace 2 años, este joven de 24 años vivía junto a 8 miembros de su familia en una pequeña casa a 200 metros de la playa.
"Todos ellos murieron, por lo que sólo quedamos mi hermana, que residía en Medan, y yo", explicó a ABC Amar, quien se salvó de milagro aquel fatídico 26 de diciembre de 2004.
"Primero hubo un fuerte terremoto y a los 15 minutos, cuando todo parecía haberse calmado, vi una ola de unos 15 metros de altura que venía de la costa haciendo un ruido ensordecedor", recordó el muchacho, quien echó a correr hacia la casa del gobernador y halló el camino cortado porque el seísmo había destruido todos los puentes.
"El agua, que arrastraba coches, árboles, farolas y los muros de las casas, me cubrió, pero me libré de que la resaca me llevara hasta el mar", narró Amar, quien regresó corriendo a su casa y se encontró con que lo único que quedaba de ella eran las baldosas del suelo.
Nunca más encontró a su familia ni sus cuerpos. Ahora construye un nuevo, con sus propias manos, tras recibir de la ONG indonesia Uplink materiales por valor de € 3.074.
Menos suerte ha tenido Faizah, de 37 años, quien aún vive en el campamento de Blang Ol dos años después de que las 3 olas gigantes le arrebataran a su marido y sus 4 hijos.
"Intentamos huir con los niños, pero la corriente nos separó. Aunque agarré a mi pequeño de tres años para subir a un árbol, el agua me golpeó y se lo llevó", se lamentó la mujer.
Junto a las 25 personas que comparten un barracón de 30 metros cuadrados, Faizah aguarda a que los obreros terminen de construir sus nuevas casas, que volverán a enclavarse en un barrio donde antes residían 7.000 habitantes y ahora sólo quedan 300 vecinos.
"Jamás olvidaré los cadáveres mutilados e inflados que se amontonaban entre los escombros y el fango. Pensé que había llegado el Kiamat (el día del Apocalipsis para los musulmanes)", concluyó, a su lado, Nyah Nmar, quien a sus 62 años da las gracias a Alá por seguir con vida para ver algo que entonces creía impensable: la reconstrucción de Banda Aceh.
Informe Clinton
Las agencias internacionales tienen que definir mejor sus propios papeles en las etapas iniciales de un gran desastre, indica un reporte de la ONU hecho por el ex presidente estadounidense Bill Clinton en relación con los esfuerzos de recuperación desde el tsunami que a finales de 2004 golpeó Asia.
El documento cita a Clinton en su calidad de enviado especial de Naciones Unidas para los esfuerzos de recuperación tras el tsunami, diciendo que residentes y gobiernos locales deben ser autorizados a encabezar los esfuerzos de recuperación tras grandes desastres.
El reporte Lecciones aprendidas de la recuperación tras el tsunami: Propuestas clave para una mejor reconstrucción destaca el progreso hecho en lo que respecta a la reconstrucción de comunidades tras el tsunami del 26 de diciembre de 2004, que devastó la provincia indonesia de Aceh y dejó cientos de miles de muertos en comunidades sobre el océano Índico en varios países.
En 10 recomendaciones para mejorar la respuesta a desastres similares, Clinton apuntó a impulsar a los más afectados por un desastre a cooperar en la recuperación a través de sociedades con organizaciones internacionales y empresarios locales.
El informe también hace hincapié en una mejor planificación y administración de la respuesta al desastre tanto por parte de gobiernos locales como de organizaciones internacionales como la Cruz Roja y las Naciones Unidas.
"Los últimos años han traído mejoras visibles en la forma en que el sistema se organiza en torno a una llamada de emergencia, y en este aspecto la respuesta al tsunami fue eficaz", señala el informe.
"Estos sistemas de ayuda han surgido partiendo de grandes esfuerzos por mejorar la previsión y preparar procesos operativos negociando estándares y posturas comunes y estableciendo divisiones de tareas", añade.
Clinton incluyó las propuestas difundidas el mes pasado por otro equipo de la ONU, incluidas las llamadas a una mayor división de tareas entre la ONU y el Banco Mundial y medidas para asegurar que la ONU actúe de forma cohesionada en la recuperación.
2 años después del Tsunami ocurrido en el sudeste asiático, que provocó 1,8 millón de desplazados en la zona y la destrucción de 580.000 hogares, las labores de rehabilitación siguen sin llegar a todos por igual. Así lo denuncia la ONG Ayuda en Acción, que desarrolla diversos proyectos de ayuda en los países afectados. Según la ONG, 280.000 personas siguen sin tener viviendas dignas y habitan en campamentos temporales o casas de familiares o amigos.
Al problema de la falta de vivienda, según denuncian, se suma el que algunas de las casas construidas "no están siendo habitadas por sus beneficiarios, dado que responden a una estructura ajena a las costumbres de la zona". Por ello, la asociación ha reclamado en un comunicado más ayuda a los gobiernos mundiales que pasen por involucrar a los propios beneficiarios en los procesos de diseño y construcción de los hogares, con el fin de asegurar el éxito de los proyectos.
El tsunami, que asoló las costas del sudeste Asiático el 26 de diciembre de 2004, fue sucedido de una respuesta solidaria con las víctimas desde muchos lugares del mundo, que hizo que la ayuda llegase en cantidad y calidad a la zona y se evitasen muchas más muertes. "Sin embargo, para que esta rehabilitación sea exitosa, es necesario contar con la población a la hora de tomar decisiones sobre las edificaciones que van a habitar, cosa que en algunos de los lugares afectados no se está produciendo", han lamentado.
No olvidar a los supervivientes a la hora de construir
"Una de las lecciones aprendidas en la construcción de viviendas tras el 'tsunami' es que cuando los supervivientes han participado en todos los momentos del proceso de construcción de sus hogares, hemos construido las viviendas que necesitaban, adaptadas a sus modos de vida y en lugares que les permiten continuar ganándose el sustento", ha señalado Jacobo Quintanilla, responsable de comunicación de Ayuda en Acción en Sri Lanka.
"Olvidar esto no sólo resulta una vulneración de los derechos de las personas a vivir bajo un techo digno sino que supone un futuro incierto para los proyectos de viviendas", agregó.
Esta falta de consulta, según los portavoces de la asociación, "ha llevado a construir viviendas sin baños para mujeres o espacios que no cuentan con ventilación para cocinar con fuego".
Dos bloques de casas están vacíos después de que una organización hiciese oídos sordos a los consejos de las familias de pescadores que explicaban que esa estructura era ajena a sus costumbres.
"En Kanyakumari, India, el gobierno anunció que la tierra de la costa no era apta e instó a la población a aceptar nuevos hogares a 500 metros de la costa, alegando razones de seguridad. Las familias de pescadores dijeron que esto destruiría su modo de ganarse la vida, les haría más vulnerables y trastocaría su forma de vivir", explicó Quintanilla.
La otra cara: el caso de Nitis
Nitis nació gracias al tsunami. Hace dos años la catástrofe mató a más de 200.000 personas en el sureste asiático. A él le dio la vida. Hace tres meses, vio la luz en Nagapattinam, un pueblo donde todos son supervivientes.
Sus padres vivían en la playa. La gran ola llegó allí con todo su poder de destrucción y los arrastró en su casa de paja. Las dos únicas hijas de la pareja, de cinco y tres años, no lograron sobrevivir. A Geetha, la madre, se le vino el mundo encima. Los programas de control de natalidad del Gobierno de India la habían obligado a someterse a un proceso de esterilización después del nacimiento de su segunda hija. Pensó que no volvería a ser madre de nuevo.
Sin embargo, al poco tiempo se enteró de que el Gobierno promovía la reversión de la ligadura de las trompas de Falopio para las madres que habían perdido a sus hijos con el desastre. En los hospitales públicos se realizaron intervenciones quirúrgicas de forma gratuita y, en los privados, el Gobierno asumió una parte del coste. En Nagapattinam, un pueblo de pescadores al sureste de India, hubo más de 7.000 víctimas mortales, más de un tercio de ellas bebés o niños pequeños que no lograron cobijarse en un lugar seguro.
Por ahora, los médicos han operado a 50, de las 120 mujeres que lo solicitaron. La operación para revertir la ligadura de trompas, llamada recanalización tubárica, no representa un riesgo vital para las mujeres, pero sus posibilidades de éxito son bajas. Menos de un 20% de las pacientes que se someten al proceso pueden volver a tener hijos, según aseguran los expertos.
De las operaciones han nacido seis hijos y una mujer espera un niño más. "La recanalización ha sido exitosa", asegura el doctor Padmamaban, director de Salud Pública de Tamil Nadu, estado al que pertenece el distrito de Nagapattinam.
Las escasas posibilidades que tienen de ser madres contrasta con la esperanza de las mujeres que han vuelto a operarse pero aún no han conseguido tener nuevos hijos en Nagapattinam. "Estoy segura de que tendré otro. Me lo ha dicho el doctor", dice sin dudar Mahadevi. A ella la ola le arrancó a dos de sus tres hijas y a un hijo. Ahora sus necesidades son especiales: quiere un varón. "Para que nos cuide a su padre y a mí cuando estemos viejos. Las hijas se van a vivir a las casas de los suegros y los hijos son los que se hacen cargo de los padres", explica.
Las madres que perdieron hijos confirman que el Gobierno les ha compensado económicamente por las pérdidas materiales y por cada familiar muerto. "Pero nada nos puede devolver a nuestros hijos, que son lo único por lo que vivimos", asegura Kumari, una de las mujeres que ha conseguido tener un niño.
Después del tsunami las mujeres que perdieron hijos tuvieron tendencias suicidas, incluso dos lo consiguieron, asegura Vanaja, la encargada de este tipo de operaciones para Sneha, una ONG local. "Desafortunadamente aquí la mujer que no tiene hijos no es mujer. Lo dicen los hombres y ellas lo creen", afirma.
Para esta organización, el Gobierno debería haber optado por la recanalización como última alternativa, por su escasa efectividad, y debería promover la adopción. El número de huérfanos en la localidad se duplicó de 1.000 a 2.000 tras el desastre natural. "Pero están viviendo en orfanatos porque las políticas de adopción son muy estrictas y lentas. Algo ilógico si se tiene en cuenta el número de mujeres que están ansiosas por tener un hijo".
La adopción en la cultura tamil, que predomina en la región es todavía un tabú. "Cuando el tsunami me quitó a mis hijos pensé en quedarme con un huérfano, pero cuando supe que había una posibilidad, aunque fuera pequeña, de tener otra vez hijos de mi sangre, opté por ella", concluye.