Continúa el escándalo por tráfico de órganos entre Bolivia y la Argentina
Todo se había desencadenado en junio pasado cuando en Santa Cruz designaron a los fiscales José Luis Molina, Enrique Rodríguez y Rosmery Barrientos, para que allanaran las clínicas Foianini y Niño Jesús II, el hospital Japonés y el Instituto del Riñón tratando de secuestrar documentación relacionada con los trasplantes de órganos y cotejarla con la que recogió el Servicio Departamental de Salud (Sedes) que paralelamente también lleva a cabo otra pesquisa.
De esta manera, se aceleran los pasos en la investigación tanto en Buenos Aires, Argentina, como en Santa Cruz donde estarían "las dos conexiones a cargo de médicos".
De acuerdo a informaciones publicadas por el matutino boliviano "El nuevo día de Bolivia", el médico Raúl Bocángel envió un informe sobre los trasplantes que realizó en la clínica Niño Jesús y en el que rechaza las afirmaciones publicadas en su contra, en sentido de que habría participado en la venta ilegal de órganos. Su equipo –asegura- que los trasplantes renales se hacen con donantes cadavéricos y vivos, y que el equipo está plenamente acreditado.
Por su parte, el diario Clarín durante una entrevista -según comenta a su vez el matutino boliviano- citó al cirujano boliviano Raúl Bocángel quien mencionó a tres médicos argentinos como contactos suyos en Buenos Aires. Utilizando la misma técnica, el Equipo de Investigación los llamó a todos para intentar verificar esa relación. Pablo Raffaele, jefe de trasplantes de la Fundación Favaloro, fue categórico: "No lo conozco".
En tanto, el jefe de Nefrología del Cemic, Antonio Vilches, fue otro de los mencionados. Aceptó haber hablado con Bocángel "a propósito de algunos pacientes". El otro médico es Horacio Pereyra, un nefrólogo del Hospital Británico que admitió haber estado con Bocángel en marzo y dijo que "probablemente vaya en agosto con una paciente que me pidió que la acompañe".
A estos casos se suma hoy la denuncia contra el cardiólogo Ricardo Ibichian, y la fuerte sospecha de que podrían ser muchos más los médicos argentinos que enviaban pacientes a trasplantarse en Santa Cruz sabiendo que allí debían comprar el riñón. La denuncia de Clarín provocó un fuerte debate en la Sociedad Argentina de Trasplantes (SAT) la entidad científica que agrupa a médicos, bioquímicos y psicólogos.
Según los registros oficiales y -de acuerdo al matutino boliviano- en los primeros seis meses de este año sobre 18 trasplantes de riñón 11 se practicaron a receptores argentinos. Eso da un promedio de un trasplante cada quince días. A su vez, tenemos fuertes sospechas de que se hicieron muchas más operaciones que no fueron declaradas. Estamos seguros que semejante flujo de pacientes sólo fue posible gracias a la activa participación de médicos argentinos en el envío y asesoramiento de candidatos para trasplante.
* "Se trata de una organización criminal"
Jaime Soliz es Fiscal de Distrito de Santa Cruz, estuvo en Buenos Aires y habló del tema con el diario Clarín. Estos son algunos de los tramos centrales:
- ¿Por qué vino acá?
Viajé a recoger elementos para avanzar en la parte argentina de la investigación sobre el comercio de órganos en Santa Cruz.
El doctor Bocángel, uno de los denunciados, mencionó a varios colegas argentinos como "proveedores" de clientes.
Según los registros oficiales, en los primeros seis meses de este año sobre 18 trasplantes de riñón 11 se practicaron a receptores argentinos. Eso da un promedio de un trasplante cada quince días. A su vez, tenemos fuertes sospechas de que se hicieron muchas más operaciones que no fueron declaradas. Estamos seguros que semejante flujo de pacientes sólo fue posible gracias a la activa participación de médicos argentinos en el envío y asesoramiento de candidatos para trasplante.
- ¿Usted sospecha que por esta supuesta colaboración los médicos argentinos cobraban una comisión sobre el pago del trasplante?
De ninguna manera podría descartarlo.
- ¿Los argentinos que recibieron riñones en Santa Cruz pueden llegar a ser acusados de algún delito?
No, y esto debe quedar claro. Al igual que con respecto a los "donantes", los fiscales pensamos que ellos fueron víctimas de una organización criminal que se aprovechó de su desesperación y de los deseos de mejorar su calidad de vida con un trasplante por el que quizá tienen que esperar mucho tiempo en Argentina. Por eso les cobraban las cifras que publicó su diario.
¿Cuánto cobraron por vender sus riñones?
Al parecer, unos US$ 3.000. Son personas muy pobres a los que no hemos podido ubicar.
