Corleone, el misterio de la mafia
En apariencia, Corleone es un pueblo normal del centro de Sicilia. Un territorio lampedusiano y agrícola (el 70% de sus 11.000 habitantes vive del campo), rodeado de montañas, con muchas iglesias; café fuerte; hombres, tocados siempre con la gorra tradicional, que hablan en dialecto con hombres en las plazas (las mujeres participan mucho menos en la vida pública); con las pescaderías llenas y las carnicerías vacías durante la Semana Santa.
En los mercados, que huelen a hinojo, los campesinos venden sus productos.
"Bernardo Provenzano salvó a la Cosa Nostra al reorganizarla y establecer la estrategia de la inmersión. Pero es una pérdida de la que la Mafia no se recuperará, porque el próximo capo ya no tendrá su experiencia", dicen los periodistas en Sicilia.
"La experiencia de alguien que controla los canales económicos, sociales y políticos, pero que también conoce a los pastores", asegura Pippo Cipriani, alcalde de Corleone entre 1993 y 2002 y secretario provincial de los Demócratas de la Izquierda. "Con Provenzano, muchos han llegado a creer que la Mafia ya no es la organización que causaba los horrores de antaño, piensan que incluso garantiza la seguridad. Ahora se preguntarán si vendrá un periodo de lucha por el control".
Las angostas calles del centro son bonitas, aunque teñidas por una pátina de tristeza: muchas casas viejas están abandonadas, una huella de la emigración, que ha sangrado Sicilia durante todo el siglo 20 (hay tantos sicilianos, 5 millones, dentro de la isla como fuera de ella). Corleone pasó en 40 años de 18.000 a 11.000 habitantes. Como en tantos lugares de la isla, donde el Estado siempre ha sido extranjero y nefasto (excluyendo una 'edad de oro' durante la invasión normanda, allá por los siglos 10 y 12), las cosas se resuelven de puertas adentro.
En el club de jubilados de Corleone, nunca se habla por su nombre de los asuntos importantes. Son campesinos duros que han sobrevivido a la pobreza, a una guerra mundial y a varias guerras mafiosas, curtidos en el silencio y en la omertá, a los que les cuesta mucho creer que puedan venir tiempos nuevos.
"Aquí no va a cambiar nada", asegura uno. "Sí, ya verás. El pueblo está mucho mejor que cuando me fui y seguirá mejorando", responde un inmigrante retornado. "Los cambios serán a peor", replica el otro.
Hablan del futuro tras la captura de Bernardo Provenzano, de 73 años de edad, el último de los grandes jefes del clan de los corleoneses, el más violento que haya conocido la Mafia, el hombre más poderoso de la Cosa Nostra siciliana, apresado el martes pasado por la policía italiana a sólo dos kilómetros de Corleone tras 43 años en fuga.
El capo de todos los capos alcanzó el poder en 1993, tras la captura primero de Luciano Leggio y luego de Totó Riina que, saltándose todas las reglas centenarias, llegaron a dominar la Cosa Nostra tras exterminar a los clanes palermitanos y a todos sus enemigos, sobre todo a los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino.
El nivel de violencia era tan elevado e implacable que, como explica el historiador estadounidense Alexander Stille en su libro 'Excellent cadavers', muchos pensaban que, para un policía, un juez o un político, sobrevivir era un signo de colaboración, activa o pasiva.
Pero tras la salvajada de esos crímenes, el Estado italiano respondió y la Mafia sufrió una serie de golpes muy duros, el principal de ellos la caída de todo un sistema de impunidad y connivencia entre políticos y hombres de honor.
Provenzano, con 50 asesinatos en su haber y tres condenas perpetuas en rebeldía, decidió entonces que los amigos de los amigos debían sumergirse. "Su estrategia fue no aparecer, no ser vistos, evitar todos los aspectos violentos... Pero eso no significa que la Mafia no siga aquí", afirma Gianfranco Minissale, de 34 años, el responsable de la Policía Nacional en esta localidad.
"Desde 1993, Provenzano organiza una suerte de pax, porque comprende que cometer delitos que puedan tener una enorme repercusión no es positivo para los negocios. Pero su estrategia silenciosa no es menos peligrosa", agrega Francesco Catalano, coordinador ejecutivo del Centro Internacional de Documentación de la Mafia y anti-Mafia (CIDMA), que también tiene un museo que muestra los horrores de la violencia mafiosa, que llegó a matar cada tres días en los peores años.
Como otros lugares de la isla más grande del Mediterráneo, Corleone ha sido afeado por las construcciones de cemento de varias plantas.
Durante las dos procesiones del Viernes Santo los penitentes llevan la cara descubierta por una vieja orden municipal: durante años aprovecharon el anonimato del capirote para llevar a cabo venganzas mafiosas.
"Nuestra historia no es sólo la de la Mafia, sino la de la anti-mafia. Corleone ha producido los capos más feroces de la Cosa Nostra, y el mafioso tiene un papel de condicionamiento social, político y económico importante.Pero aquí se ha desarrollado siempre una actividad anti-mafia tan antigua como la propia Mafia", afirma Dino Paternostro, líder antimafia, director del periódico en Internet 'Città nuove Corleone' y autor de varios libros sobre la ciudad, el último 'Los corleoneses. Historia de los golpistas de la Cosa Nostra'.
Paternostro, que no lleva escolta y habla con total libertad (tanta que el 28 de enero le quemaron su coche), relata la historia de Bernardino Verro, el primer alcalde socialista de Corleone, asesinado en noviembre de 1915; de Plácido Rizzotto, partisano durante la 2da. Guerra Mundial, luchador contra la Mafia, que trató de impartir justicia social en una tierra dominada por el feudalismo, y que fue secuestrado y asesinado en 1948.
"Nosotros somos los hijos de aquellos campesinos, que aprendimos a leer y a escribir y a conocer nuestra propia historia", asegura Paternostro.
Tras impulsar una ley para permitir el uso social de los bienes incautados a la Mafia, ciudadanos de Corleone fundaron 2 cooperativas agrícolas, en las que ya trabajan 100 personas.
"El arresto de Provenzano no cambia el sustrato económico y social en el que han crecido esos mafiosos. Hay que crear las condiciones para que no se reproduzca el problema y uno de los factores clave es el trabajo", afirma Gianluca Faraone, presidente de la Cooperativa Placido Rizzotto.
En el caserío donde fue arrestado Bernardo Provenzano, la policía descubrió 170 'pizzini', pequeños trozos de papel que él utilizaba para comunicarse durante sus 43 años de clandestinidad.
Los 'pizzini' viajaban de mano en mano dentro de redes de máxima confianza, ha confirmado que ese fugitivo de 73 años controlaba la Cosa Nostra. Y era inmensamente rico (sólo su patrimonio personal era de € 600 millones).
Los 'pizzini', algunos escritos en código, con números en vez de nombres, y otros con preguntas, han sido enviados a Palermo.
"Es la forma más simple y segura para transmitir mensajes, pasa de mano en mano y dentro de una red muy discreta, y es imposible interceptarlos con cualquier método moderno", explica el jefe de Policía de la ciudad, Gianfranco Hinissale.
