4 de cada 10 desocupados tienen menos de 25 años
Frente a los graves problemas laborales que sufren los jóvenes, el gobierno de Francia decidió impulsar un régimen laboral especial, recordó el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), al presentar su más reciente investigación.
La reacción de los supuestos beneficiarios de la medida y de una gran parte de la población ha sido el rechazo a través de protestas masivas.
Aunque se trata de un tema extremadamente polémico no se debería seguir ignorando que los jóvenes en la Argentina sufren un nivel de discriminación laboral incluso superior al observado en Francia.
Las dificultades que enfrentan los jóvenes argentinos para acceder a un empleo de calidad se manifiestan por diversas vías. Por un lado, los jóvenes tienen menor tasa de participación laboral.
En parte esto se debe a que muchos dedican su tiempo de manera exclusiva al estudio, pero en muchos otros casos refleja las limitadas oportunidades que enfrentan para encontrar empleo.
Por otro lado, quienes se deciden a participar del mercado de trabajo, sufren más intensamente el desempleo. Adicionalmente, cuando consiguen un empleo, en la gran mayoría de los casos es un empleo "en negro".
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INdEC correspondientes al cuarto trimestre del 2005 permiten comparar la situación laboral de los jóvenes entre 14 y 24 años de edad respecto a los adultos mayores de 25:
> Entre los jóvenes, sólo el 44% participa del mercado laboral, mientras que entre los mayores de 25 años la participación laboral asciende al 77%.
> La tasa de desempleo entre los jóvenes es del 24,3%, mientras que entre los mayores de 25 años es del 7,3%.
> Entre los jóvenes que tienen un trabajo como asalariados –excluyendo el servicio doméstico–, el empleo "en negro" alcanza al 60%, mientras que entre los mayores de 25 años el empleo no registrado llega al 38%.
Frente a la contundencia de estos datos, ¿tiene sentido tratar de aplicar una legislación laboral para los jóvenes no muy diferente que para los adultos? El punto central del problema es que, aunque en la letra de la ley los jóvenes tengan los mismos derechos laborales que los adultos, en la realidad opera un trato claramente discriminatorio.
En otras palabras, aplicar un mismo conjunto de normas a grupos muy heterogéneos termina generando el resultado opuesto al buscado. En lugar de universalizar un nivel básico de protección laboral, esta estrategia termina degenerando en desprotección y diferencias irritantes precisamente contra quienes se busca proteger.
El nivel educativo es uno –pero no el único– de los requisitos para tener un buen empleo.
También cuentan la adaptabilidad al entorno y a las exigencias laborales, y la capacidad para desarrollar destrezas específicas. Este tipo de atributos no pueden conseguirse en el ámbito educativo sino que se desarrollan gracias a las vivencias y aprendizajes que se obtienen ocupando un puesto de trabajo dentro de una empresa.
De allí la importancia fundamental de generar oportunidades para facilitar a los jóvenes su primer ingreso a un ámbito laboral.
Aplicar similares reglas de juego para situaciones muy diferentes produce tratos muy inequitativos.
A igual regulación laboral, es lógico que las empresas tiendan a preferir personas con mayor experiencia y formación para el trabajo; esto implica una situación de desventaja para los jóvenes. Por un elemental principio de equidad se justifica repensar las regulaciones laborales en función del objetivo de facilitar y estimular la contratación de los jóvenes.
Esto justifica establecer formas de contratación especiales que –sin dejar de cumplir con las premisas de protección laboral que indican disposiciones compartidas por muchos, como por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo– le den fluidez a la inserción temprana en el mundo del trabajo.
En la Argentina hay figuras jurídicas especiales orientadas a facilitar la inserción laboral de los jóvenes.
Sin embargo, por fallas de diseño y de aplicación, su impacto es casi irrelevante.
Salvo experiencias puntuales –como el caso del Programa Primer Paso en Córdoba– la normativa laboral vigente desincentiva la contratación de jóvenes.
En este sentido, no se debería seguir ignorando que si se quiere continuar disminuyendo la tasa de desempleo, necesariamente hay que tomar medidas contra el desempleo juvenil ya que los jóvenes menores de 25 representan más del 40% del desempleo total.
Muy cerca de Francia, Alemania demuestra que con políticas adecuadas es posible que los jóvenes no sufran una tasa de desempleo mayor que los adultos.
A través del sistema dual, las empresas alemanas ofrecen masivamente a los jóvenes la oportunidad de desarrollar prácticas en el ámbito laboral.
Si bien el esquema está evidenciando la necesidad de reformas, muestra que el camino para evitar la discriminación de los jóvenes no es aplicar rígidamente la normativa laboral general, sino buscar con creatividad esquemas que brinden protección pero que se adecuen a las necesidades y posibilidades de personas inexpertas.
De lo contrario, los jóvenes seguirán enfrentando serias dificultades para conseguir un empleo de calidad.