A horas de la Convención de la UCR: El problema de Lavagna
Durante agosto ocurrirá la Convención Nacional de la UCR. Néstor Kirchner pretende dividir a ese partido, arrancándole varios nombres para las listas del Frente para la Victoria. Roberto Lavagna aspira a emerger como el candidato presidencial de ese partido político, impulsando sus aspiraciones para el año 2007. Pero también deberá considerar otras cuestiones para no sufrir una cruel decepción.
I.
El plan de ataque de Roberto Lavagna es sencillo: reivindicar su desempeño como ministro de Economía de la Nación, tomar distancia de lo que ocurre desde que abandonó el cargo e intentar beneficiarse con el deterioro que debería producir la acumulación de distorsiones en la macroeconomía.
Por lo tanto, no es verdad que Lavagna anticipara su ingreso a escena porque especulaba con una convocatoria electoral para marzo de 2007. Lavagna ingresó a escena en forma temprana porque necesitaba dividir aguas entre su experiencia ministerial y el proceso posterior antes que se acumularan las distorsiones. Luego, porque había que aprovechar la oportunidad de las ofertas recibidas, en especial de la de Raúl Alfonsín.
El soporte de un partido político tradicional permite usufructuar una estructura nacional que, de lo contrario, es muy oneroso, engorroso y lento concretar. Entonces, no resulta lógico el rumor de que Roberto Lavagna aún estudia su respuesta a la oferta electoral.
Lavagna decidió su candidatura desde el inicio. La demora en anunciarla tiene que ver con el proceso político doméstico necesario en la Unión Cívica Radical, una evaluación de los ataques posibles de Néstor Kirchner y un proceso especulativo necesario para la obtención de respaldos personales y corporativos, recursos financieros y aliados circunstanciales.
En tanto, resulta evidente que la situación macroeconómica tiene un horizonte menos optimista hoy que cuando Lavagna inició su amenaza electoral, aún cuando la actividad económica cerrará 2006 -por 4to. año consecutivo- con un aumento del PBI de 8%.
II.
Roberto Lavagna trabaja ahora en la construcción de su propio partido político. Las dificultades más importantes han ocurrido como consecuencia del propio Lavagna. Por ejemplo, si despidió a su consultor de comunicación Roberto Starkey porque él elaboró un memorando intelectualmente precario (versión de Lavagna) o porque le molestaron las consideraciones del texto (versión del damnificado), es anecdótico frente al comentario acerca del despotismo ilustrado que practica Lavagna con sus colaboradores inmediatos y su rechazo a escuchar las opiniones que no son propias.
La personalidad de Lavagna no coincide con el hábil articulador de aliados diversos, complejos y heterogéneos, integrantes de un frente contra la propuesta hegemónica de Néstor Kirchner. Hasta ahora, Lavagna mostró desinterés hacia ese comportamiento sociopolítico necesario. Entonces, la pregunta es en quién delegará la función cuando, además, él es desconfiado, posesivo e individualista, bastante semejante a Kirchner.
También en lo vengativo: su rechazo a incluir a Carlos Menem en su posible frente electoral tiene que ver más con que Menem nunca lo convocó durante los ’90 antes que en la imagen pública de Menem que, en definitiva, no es tan diferente de la de Raúl Alfonsín o de Eduardo Duhalde, los soportes políticos del proyecto de Lavagna.
Probablemente un discurso conciliador hacia el pasado reciente de la nación sería lo nuevo y diferente en la política doméstica, tomando distancia efectiva del reproche virulento constante de Kirchner.
El concepto vale también para la crítica permanente de Lavagna hacia las reivindicaciones de los productores agropecuarios, a quienes les exige una contribución a la nación que él no le demanda a Organización Techint, su grupo manufacturero favorito.
Luego, insistir con la puja por quién es más ‘progresista’ o quién ocupa la ‘centroizquierda’ resulta peligrosamente trivial. Lavagna precisa reunir a todo aquel que no se encuentra con Kirchner. De lo contrario, no comprende la magnitud de su contrincante ni las dificultades propias de la contienda.
Kirchner pretende reabrir las controversias recientes para rescribir la historia, lo que resulta un proceso confrontativo importante. Lavagna debería asumirse como un pacificador, pero ese rol no coincide con la búsqueda de un liderazgo ‘progresista’ que, además, resulta ridículo considerando sus propuestas sobre tipo de cambio y política de ingresos, la presencia de Alfonsín y de algunos militantes del PJ bonaerense.
III.
Agosto es un mes importante para Lavagna porque el apoyo de la Unión Cívica Radical a su candidatura será un tema central en la Convención Nacional que se reunirá hacia el día 25 en Rosario, Provincia de Santa Fe.
Lavagna espera que la Convención Nacional le resulta favorable para, entonces, convocar a la articulación de un frente opositor que él desea liderar.
Si bien es una coyuntura en la que el presidente Kirchner declara su éxito antiinflacionario, Lavagna ha recibido información precisa de parte de empresarios acerca del rígido ‘corset’ que le impone el Ejecutivo Nacional y sus consecuencias en postergación de inversiones e incorporación de personal. En este contexto, la persistencia de una ‘burbuja’ de demanda interna que impulsa el Gobierno para mantener un alto nivel de actividad conduce a nuevas presiones inflacionarias.
Hasta ahora, la Casa Rosada incumplió su compromiso de revisar los acuerdos de precios cada dos meses en función de los costos. Y debió enfrentar un desgastante debate entre inquilinos y propietarios por los alquileres, que han subido menos que los costos de las expensas, vale la pena recordar.
Aquí surge el planteo de fondo del apoyo de algunos grupos empresarios a la candidatura de Lavagna:
> Levantar un límite a Néstor Kirchner, antes que sea tarde; y
> Recuperar el sesgo exportador original del proceso económico del año 2002.
"Sin horizonte exportador no hay mercado para nuevas inversiones porque para atender el pequeño mercado doméstico, con lo que hay alcanza", es el planteo.
IV.
Roberto Lavagna se encuentra convencido de que él puede quitarle a Néstor Kirchner una porción de electores oficialistas moderados.
Precisamente esa es la apuesta de Raúl Alfonsín al ofrecerle la candidatura a Lavagna: intentar fracturar el abanico mayoritario.
Luego, sumándole la oposición, construir una nueva mayoría.
Sin embargo, la construcción de un proyecto electoral debe descender de las estructuras complejas hacia el electoral sencillo, especialmente en el Gran Buenos Aires, donde se define el comicio y donde Kirchner se ha encargado de reunir un importante voto clientelístico-prebendario, cautivo del gasto público.
Además, la imagen pública de Lavagna –al igual que las de Ricardo López Murphy y Elisa Carrió- es mejor en la Ciudad de Buenos Aires que en el Gran Buenos Aires.
Hay quienes, cerca de Lavagna, aconsejan modificar los mecanismos habituales de proselitismo ya que suponen que pueden existir problemas para el candidato en el proselitismo convencional, en especial porque Eduardo Duhalde hoy no puede garantizar como en el pasado, la visita a los barrios populares ya que los ‘punteros’ ahora apoyan la continuidad de Kirchner.
Sin embargo, un proselitismo construido exclusivamente en base al impacto mediático es muy oneroso y, por cierto, coincidirá con el debate por una nueva Ley de Radiodifusión, oportunidad que Kirchner ha previsto para limitar el apoyo de los medios electrónicos a cualquier opositor.
Los diálogos de Lavagna con los justicialistas aglutinados en el grupo ‘El General’ (Jorge Sarghini, Francisco de Narváez, Juan José Álvarez y Eduardo Camaño) apuntaron a conocer qué aportes concretos de estructura política pueden brindarle en el Gran Buenos Aires. Ninguno de los cuatro mantiene una estructura considerable. De hecho, Narváez, quien tiene una ambición de gobernador bonaerense, debió reclutar los servicios del diputado nacional Carlos Brown, del partido San Martín, para ampliar su red.
Luego, Roberto Lavagna no desea transitar el proselitismo junto a Mauricio Macri, que en el Gran Buenos Aires se hizo de un buen nombre, gracias al Club Atlético Boca Juniors que, además, buscará el tricampeonato local en esta temporada para apuntalar el proyecto político de su presidente, Macri.
Esta limitación deja a Lavagna dependiente de Alfonsín quien, si bien es un dirigente de la UCR nacido en Provincia de Buenos Aires, no conserva una gran popularidad. Debe recordarse que el potencial fracaso electoral de Alfonsín, en los comicios legislativos del año 1997, logró la concreción de la Alianza UCR-Frepaso porque, para disfrazar de éxito su salida, Alfonsín renunció a favor de la candidatura de Graciela Fernández Meijide.
La cuestión más importante del proyecto político-electoral de Roberto Lavagna consiste en cómo mantener el apoyo de Alfonsín pero ‘licuarlo’ entre otros avales a su candidatura. Una Alfonsindependencia puede resultar muy negativa para las ambiciones de Lavagna.
V.
La más reciente suba del salario mínimo afecta a las provincias y municipalidades, estimándose en más de un millón de empleados los que perciben menos de $ 800 mensuales y, por lo tanto, se ubican por debajo de la línea de pobreza.
Las provincias y los municipios deben incrementos salariales sin aumentar impuestos, aumentando su dependencia de la Nación, que a su vez arriesga una parte del superávit primario nacional, que dice que se mantiene en 3,5% del PBI por los récords de recaudación, aunque en 12 meses se redujo en el equivalente a casi un punto de PBI.
Sin embargo, luego de haber conseguido modificar la Ley de Administración Financiera (los ‘superpoderes’), Néstor Kirchner puede estirar el escenario hasta después de los comicios. La cuestión, entonces, es por dónde Lavagna atacará esta cuestión que es el cimiento de la fortaleza política de Kirchner.
Precisamente con la promesa de parte de ese dinero, Kirchner intentará en agosto dividir a la Unión Cívica Radical. Porque en la Convención Nacional confrontará el reclamo de Alfonsín para apoyar a Lavagna con el pedido de varios gobernadores, intendentes municipales y legisladores de ‘libertad de acción’ para el año 2007, que equivale a sumarse a la reelección de Kirchner.
La ruptura de la UCR será presentada como un triunfo de Kirchner y una derrota de Lavagna, que para entonces debería anunciar alguna ampliación de su abanico de aliados para no salir menguado de la ocasión.
El mayor obstáculo al respecto es la escasa ‘picardía’ política que existe en el grupo de colaboradores directos de Lavagna. Él ha buscado colaboradores que se asemejan a su perfil y no que lo complementan. En todo el ‘vodevil’ por los dichos de Carlos Menem quedó en evidencia: se perdió demasiado tiempo en desmentir cuando no corresponde a Lavagna aclarar sobre aliados que no buscó ni desea pero que si suman algunos votos sin pedir nada a cambio, bienvenidos.
En cualquier caso la pregunta es cómo se comporta Lavagna en las encuestas. La mayoría de los encuestadores afirma que no ha llegado al 14% nacional. También es cierto que esos encuestadores a menudo tienen contratos con el Gobierno Nacional.
¿En qué coinciden ellos que son los temas en los que Kirchner tropieza?
> Cristina de Kirchner es un problema para el Presidente; sufrió una desmejora notable de su imagen pública.
> La inseguridad, que el Presidente no termina de comprender y tiene un discurso ideológico que dificulta superar la situación.
> El poder adquisitivo y la variación real de los precios de los Bienes y Servicios.