La mayoría de las fantasías son de tipo íntimo, en las que se mantienen relaciones con una persona conocida o con una persona imaginaria, en diferentes lugares y en diferentes posturas.
# A más fantasía menos dolor
Según indica un estudio realizado en USA y publicado por la revista científica alemana Geo, las fantasías sexuales reducen los síntomas dolorosos.
Un grupo de expertos estadounidenses solicitaron a un grupo de estudiantes universitarios voluntarios que introdujeran las manos en agua helada y que las mantuvieran así durante el experimento. Al mismo tiempo, la mitad de los jóvenes tenían que centrarse en imágenes o recuerdos de tipo sensual mientras la otra mitad debía concentrarse en situaciones neutrales o cotidianas.
Se pudo así observar que los estudiantes que tenían fantasías sexuales soportaban mejor el dolor que les producía el líquido helado en contacto con las manos que los chicos que se dejaban llevar por pensamientos más corrientes.
Los investigadores concluyen que las sensaciones de dolor o desagradables se pueden aliviar de manera subjetiva trayendo a la mente imágenes o recuerdos eróticos.
# Las fantasías sexuales más comunes
Hay fantasías que se producen de manera voluntaria y a las que se puede recurrir en momentos de excitación, masturbación o coito. Suelen ser fantasías agradables, que no generan gran ansiedad y con las que la persona se siente muy a gusto. Entre estas destacan:
El recuerdo de algo que ha pasado y que resulta muy agradable. Una insinuación, un beso, una caricia, un juego...
Algo que no ha pasado, pero que sería muy agradable que sucediera. El enamoramiento, una proposición, una mirada reveladora...
Algo que no ha ocurrido y que nunca se llevará a cabo. Una experiencia sexual violenta, intercambio de parejas, infidelidad... que pueden resultar muy positivas siempre que se afronten de una forma madura, como un juego en el que lo importante es pasarlo bien y ante el que no hay nada que temer.
Sin embargo, hay otra serie de fantasías que no están tanto bajo el control de la voluntad. Se presentan en la mente sin previo aviso y con mucha dificultad pueden llegar a evitarse. En caso de producir ansiedad o malestar pueden resultar especialmente nocivas para el sujeto, dado que pueden impregnar y echar a perder toda la experiencia sexual.
En este momento cabe recordar que la experiencia sexual no se reduce al coito, la masturbación o la excitación sexual, entendida en el sentido vulgar de la palabra. La experiencia sexual es, además de todo eso, todo aquel entramado de experiencias de placer y de dolor que el ser humano tiene respecto a sus semejantes y su propio cuerpo. Es por ello que la persona fantasea de continuo, aun no se percate de ello.