En el documento, la organización define el impuesto a los ingresos brutos como “el colesterol que obstruye las arterias del crédito”. “Los impuestos a los ingresos brutos (IIBB) sobre la actividad crediticia tienen gran similitud con el colesterol alto: son dañinos y no presentan síntomas; perjudican a los tomadores de créditos, pero ellos no lo notan porque al no aparecer discriminado, es invisible”.
Aquella tarde de la semana que concluye, Kulfas enfatizó que los bancos privados son “muy reticentes a prestar” y los acusó de estar “acostumbrados a pescar dentro de la pecera”.
La respuesta de los bancos nacionales apuntó a la voracidad fiscal y el impacto que tiene en el costo financiero. “Entre enero de 2019 y enero de 2021, once jurisdicciones han incrementado aun más el peso de los IIBB en el sistema financiero, ya sea incrementando directamente la alícuota o cambiando la metodología de cálculo de este impuesto (pasando de gravar el spread bancario a gravar directamente sobre la tasa de interés)”, señalaron.
“Cuando comenzó a aplicarse IIBB a la actividad financiera, las jurisdicciones lo cobraban sobre el spread, esto es, sobre la tasa de préstamos menos la tasa de depósitos; actualmente la mayoría de los depósitos grava directamente la tasa de interés de los créditos, lo significa un gran incremento del impuesto efectivo”, agrega el documento.
El presidente de Adeba, Javier Bolzico, fue lapidario: “La actual carga impositiva por IIBB sobre las financiaciones bancarias es incompatible con el desarrollo del crédito bancario a tasas bajas”.
“Para que el crédito sea uno de los motores de la recuperación económica, es necesario que bajen las alícuotas de IIBB en el país. De lo contrario, la recuperación económica será más lenta de lo que podría ser”, insistió en una publicación que refleja el sitio de noticias, La Nación.
En el informe los bancos recuerdan que “existe amplio consenso en que IIBB sobre la actividad financiera es un impuesto altamente distorsivo, tiene efecto cascada, encarece los préstamos y atenta contra el aumento de la bancarización y la inclusión financiera”.
Es allí cuando recuerdan que en la actualidad todas las jurisdicciones cobran IIBB a la actividad financiera y muy pocas tienen tasas razonables. “Al ser un ‘mal impuesto’, debería tender a bajar, eliminarse o ser reemplazado por algún otro impuesto, menos distorsivo y menos costoso. Pero, por el contrario, las provincias y CABA recurren a aumentos de IIBB al sistema financiero, y también a otras actividades cada vez que requieren incrementar su recaudación”, sostienen.
Para ejemplificar el impacto que este gravamen tiene sobre el precio del crédito en el país, Adeba explica que si una entidad financiera le cobra una tasa de interés del 30% nominal anual a una Pyme “2,4 puntos porcentuales corresponden a IIBB. En otras palabras, sin el impuesto sobre los IIBB, ese mismo crédito podría tener una tasa del 27,6% TNA.
“Así encarece este tributo al crédito de las empresas y, por consiguiente, eleva el ‘costo argentino’ de producción, restándole competitividad al país. Análoga situación se da con los préstamos al consumo sobre las familias”, apunta Adeba, antes de reclamar que se fije una hoja de ruta ambiciosa para la reducción de IIBB mediante un acuerdo coordinado entre la Nación, las provincias y CABA. De lo contrario, “el aumento de un tributo tan ‘anti-crédito’ como IIBB será otra de las consecuencias negativas que nos habrá dejado la pandemia”, advierte.