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Argentina en el puesto N°61, sobre 63 naciones relevadas. Le sigue Mongolia, con el puesto N°62 y Venezuela con el N°63.
Calidad de vida y educación
Es una relación sistémica, porque no es posible ser competitivo de manera aislada. Una empresa que produce alimento de primera calidad y a excelente costo puede fracasar si quien produce el packaging no lo entrega a tiempo, o los camiones que transportan su producción a los centros de consumo tardan demasiado porque los caminos son deficientes y el frío no es el adecuado. No se puede exportar alimentos si los pilotos hacen huelga, y no salen los aviones, o si la electricidad se corta, ni hay investigación si los científicos deben pasar más tiempo haciendo trámites que investigando. Y la lista puede seguir hasta el infinito. Se trata también de una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos.
Sin embargo hay algo que siempre queda claro: sin una educación de calidad, no podemos tener negocios y economías competitivas, creadoras de trabajo y promoción social. Y, uniendo las ideas, sin inversión tampoco hay creación de trabajo.
La función principal de los gobiernos es que la población viva cada vez mejor, con mayores niveles de bienestar y libertad de elección. En esta mejora de la calidad de vida, el acceso a la educación es fundamental. Si genuinamente nos interesa la inclusión, tenemos que educar, educar y educar. Porque hoy más que nunca hacen falta destrezas múltiples para estar integrado y para evitar ser conducido hacia donde uno no desea. Una educación de calidad, que nos permite reflexionar, interpretar y cuestionar, es la única herramienta con la que contamos para ser libres interiormente e independientes económicamente, y en el caso de los jóvenes a integrarse al mundo laboral.
Todo parece indicar que, si bien muchos trabajos desaparecerán en el futuro, muchos otros aparecerán o se desarrollarán. El mercado laboral ya es otro.
La disrupción continua, la velocidad del cambio, y la versatilidad exigen mentes ágiles y adaptables. La rigidez y las estructuras inamovibles dan lugar a horarios más flexibles, evaluación por objetivos y espacio para la creatividad.
Debemos aceptar la transformación de la educación (y trabajar en ello) para permitir a los niños y jóvenes de hoy a integrarse a un mundo laboral en permanente cambio. La transformación del mercado laboral demanda modificaciones profundas en la educación, y esto no puede esperar demasiado. En este sentido, podemos decir que los planes de estudio no pueden ser rígidos, porque el mundo del trabajo ya no lo es.
La calidad es mucho más importante que la cantidad. Es preferible enseñar 10 contenidos, y que éstos sean comprendidos y asimilados, que enseñar 14 y que todo quede en el olvido. No descuidemos la terminalidad secundaria, el no completar este nivel opera como una fuerte barrera a la inclusión laboral.
“Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”, sentenció Pitágoras. Y es que sin educación de calidad no hay competitividad, y mucho menos futuro.
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Mgter. Guillermo Suárez, presidente de Identidad Argentina, VP de la Cámara Argentina de Formación Profesional y Capacitación Laboral, VP de la Fundación Arte Móvil, Doctorando en Ciencias Sociales.