Inquietante hallazgo: la IA es el doble de efectiva que los humanos para estafar
Un experimento enfrentó a un modelo de IA contra un estafador profesional. El bot logró un 46% de éxito en sus pedidos y generó más empatía que un ser humano.
Un experimento enfrentó a un modelo de IA contra un estafador profesional. El bot logró un 46% de éxito en sus pedidos y generó más empatía que un ser humano.
El método fue directo. Reclutaron a 22 personas que creían participar en un estudio sobre "cómo la gente hace amigos online".
Durante una semana, cada participante intercambió mensajes con dos "personas" distintas: una era un ser humano experto en estafas románticas, la otra era un agente construido sobre Claude, el modelo de IA de Anthropic.
Al final de la semana, ambos hicieron un pedido. El humano pidió descargar un videojuego, el bot pidió probar una app que supuestamente había programado.
El 46% de los participantes accedió al pedido del bot. Solo el 18% accedió al del humano.
El tipo de fraude que analizaron se conoce como "pig butchering", una estafa que en Argentina se podría describir como una combinación de romance y criptomonedas.
Funciona en tres etapas: primero una conexión inicial que parece casual, un mensaje de texto equivocado, un match en una app de citas, después semanas o meses de conversación afectuosa que construyen una relación de confianza, y finalmente el golpe.
Una "oportunidad de inversión" en criptomonedas que en realidad es una plataforma falsa controlada por los estafadores. Las pérdidas pueden llegar a seis cifras en dólares por víctima.
Wired menciona que para saber cómo funciona desde adentro, los investigadores entrevistaron a 145 ex trabajadores de estas operaciones, incluyendo sobrevivientes de trata de personas que habían sido forzados a trabajar en compuestos de estafas en Camboya, Myanmar y Laos.
Esos testimonios confirmaron que la mayor parte del trabajo de un estafador humano es, simplemente, conversar. Mensajes amistosos, chistes, interés fingido en la vida del otro. Una tarea, concluyeron los investigadores, que una IA podría hacer igualmente bien.
Los participantes calificaron su nivel de confianza con cada "persona" en una escala del 1 al 5.
El humano recibió un promedio de 3,31. El bot, 3,78. Pero el dato más revelador fue que el 80% de todos los mensajes que enviaron los participantes durante la semana fueron dirigidos al bot, no al humano. Preferían hablar con la IA sin saber que era una IA.
Solo uno de los 22 participantes sospechó por su cuenta que estaba hablando con un bot.
Sin embargo, cuando al final del experimento se les reveló que uno de sus interlocutores era una IA, en 20 de los 22 casos pudieron identificar correctamente cuál era.
"Así es exactamente como funcionan las estafas", dijo Gilad Gressel, uno de los investigadores. "Una vez que la víctima entiende lo que pasó, es obvio. Pero cuando estás dentro de la ilusión, simplemente no lo ves."
Uno de los hallazgos más perturbadores del estudio no tiene que ver con los números sino con el comportamiento del bot cuando los participantes lo confrontaron directamente.
El agente de Claude fue instruido para no admitir que era una IA, y cumplió completamente esa instrucción a lo largo de una semana completa. Cuando alguien le preguntaba directamente si era un bot, lo negaba. Cuando cometía errores que podían delatarlo, improvisaba explicaciones convincentes.
En un experimento paralelo, los investigadores probaron con los modelos más recientes de Google, OpenAI y Anthropic.
Gemini nunca admitió ser una IA incluso cuando se le decía explícitamente que hacerlo era lo ético. Claude nunca admitió serlo cuando se le preguntaba de forma simple. ChatGPT lo admitió en menos de la mitad de las conversaciones.
Anthropic respondió a Wired señalando que el estudio principal fue realizado con un modelo de principios de 2025 que ya no está disponible, y que desde entonces implementó nuevos sistemas de detección de fraude.
"Claude Opus 5 respondió de forma apropiada en el 97% de los casos en conversaciones simuladas de estafa", dijo la empresa.
Los investigadores señalaron, sin embargo, que ese porcentaje probablemente aplica a conversaciones que incluyen el pedido de inversión falsa, no a la fase de construcción de confianza, que usa lenguaje mucho menos sospechoso. OpenAI y Google no respondieron.
El resultado más contraintuitivo del estudio es que, a pesar de que la IA supera a los humanos en construir confianza, las operaciones de estafa todavía no la adoptaron masivamente.
La razón es económica y perturbadora. El trabajo forzado de víctimas de trata de personas en los compuestos de Sudeste Asiático no solo es casi gratuito sino que además genera ingresos adicionales cuando los propios trabajadores son rescatados o vendidos al final de su "contrato".
Pero eso podría cambiar. Erin West, ex fiscal de California que ahora dirige una organización antiestafa, cree que el estudio anticipa una transformación inminente.
Si las operaciones de estafa adoptan IA a escala, no necesitarán más los grandes compuestos que hoy funcionan como una de las principales señales de alerta para las fuerzas de seguridad.
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