¿Por qué tanto esfuerzo? Porque OpenAI combina a esos cientos de exingenieros de Apple con diseñadores de peso propio, como Jony Ive, y con la tecnología de IA más avanzada del mercado.
Esa mezcla la posiciona como el competidor más serio que tuvo el iPhone en años.
El dispositivo secreto con el que OpenAI quiere competir contra el iPhone
Todavía no hay nombre ni fecha pública. Pero según Bloomberg una fuente cercana confirma que OpenAI sigue creyendo que puede anunciar su primer producto este año y lanzarlo en 2027.
La compañía exploró varias categorías como parlantes inteligentes, wearables, pero el objetivo final que se espera es un competidor directo del iPhone.
Antes de eso, es más probable que aparezca un dispositivo más simple, algo no-smartphone, más fácil de diseñar y fabricar.
La demanda no cambia esa hoja de ruta. La complica.
Por qué Apple puede ganar incluso antes de que haya sentencia
Acá está el impacto real, más allá de lo que diga un juez. Litigar contra Apple obliga a crear controles legales nuevos, revisiones de cumplimiento y capacitaciones que le sacan tiempo a los equipos de ingeniería.
Los exempleados de Apple que trabajan en OpenAI, además, quedan en una posición incómoda. ¿Cuánto pueden hablar de lo que hacían antes sin exponerse? Esa duda, instalada puertas adentro, tiende a frenar el intercambio de conocimiento técnico.
Incluso el reclutamiento se vuelve más lento. Cualquier empleado de Apple que hoy evalúe una entrevista con OpenAI sabe que eso puede exponerlo al escrutinio del área de seguridad y de la conducción de su propia empresa. Ese freno opera aunque no exista todavía ningún fallo judicial.
Bloomberg Intelligence menciona que es probable que Apple consiga medidas cautelares específicas contra el desarrollo de hardware de OpenAI, con la obligación de aislar materiales en disputa y certificar el cumplimiento.
La respuesta de Sam Altman a la acusación de Apple
La empresa evitó hablar de sus planes de dispositivos. Sobre la demanda, dijo que no tiene interés en los secretos comerciales de otras compañías y que va a seguir enfocada en construir tecnología.
Apple, en los papeles judiciales, no dejó lugar a la ambigüedad: describió el negocio de hardware de OpenAI como una construcción asentada sobre secretos mal habidos.
El antecedente que preocupa a OpenAI
Apple ya negoció un acuerdo similar con la fabricante de chips Rivos, que terminó aceptando rediseñar partes de su tecnología de procesadores.
Si Apple logra demostrar que OpenAI incorporó secretos industriales en sus futuros dispositivos, el escenario Rivos podría repetirse: rediseño forzado, con el costo en tiempo y en plata que eso implica.
Hay otro frente que tampoco juega a favor de OpenAI: la cadena de suministro. El universo de proveedores capaces de fabricar dispositivos de consumo en Asia es, en realidad, chico. Y ningún proveedor grande quiere arriesgar su relación con Apple por apostar fuerte a un socio que todavía litiga por robo de secretos.
La verdadera estrategia de Apple no pasa por el tribunal
Alcanza con instalar la sospecha. Cada nota sobre la demanda, cada empleado de Apple que lo piensa dos veces antes de cruzar a OpenAI, cada proveedor que duda antes de firmar, ya es una victoria táctica. Ni siquiera hace falta un fallo.
¿Y si OpenAI gana el juicio dentro de dos años? Para entonces, puede que ya haya perdido lo que más necesitaba en esta etapa: velocidad.
Mientras los abogados discuten quién es dueño de qué secreto, Apple ya ganó lo único que no se litiga en un tribunal: tiempo.
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