Mientras tanto, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, asiste con el objetivo de mantener el respaldo occidental frente a la invasión rusa, en un contexto en el que Trump ha mostrado una ambivalencia creciente respecto al conflicto en Europa del Este.
Cumbre sin consenso: economía, comercio y diplomacia silenciosa
En lugar de una declaración conjunta sobre temas clave como el cambio climático, inteligencia artificial o el empoderamiento femenino, los organizadores del G7 optaron por minimizar expectativas. Las tensiones con Trump en cumbres anteriores, especialmente la de 2018 también celebrada en Canadá, siguen frescas en la memoria diplomática.
En aquella ocasión, el presidente estadounidense abandonó abruptamente el comunicado final y atacó al entonces primer ministro local, Justin Trudeau, en redes sociales.
Esta vez, el anfitrión es el primer ministro Mark Carney, exdirector del banco central, quien optó por una estrategia pragmática: facilitar encuentros bilaterales en un entorno aislado del escrutinio mediático y de protestas públicas, y así evitar que la cumbre derive en un espectáculo caótico.
En este sentido, la ubicación remota del Pomeroy Kananaskis Mountain Lodge cumple una doble función: aislar a los líderes del ruido externo y permitir conversaciones más francas sin la presión de las cámaras.
América Latina en el G7: Sheinbaum y la renegociación comercial
Una de las reuniones más observadas será la primera entre Trump y la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum. Ambos mandatarios tienen intereses en juego: Trump busca reafirmar su postura proteccionista y nacionalista en política comercial, mientras Sheinbaum intenta preservar y renovar el acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC).
El resultado de esta conversación podría tener efectos significativos en las economías norteamericanas, ya que cualquier revisión del tratado incidiría en cadenas de suministro, exportaciones agrícolas y normas laborales, sectores fundamentales tanto para la economía mexicana como para regiones industriales en EE.UU. y Canadá.
Nuevas alianzas y equilibrios globales
Líderes de economías emergentes como India, Brasil, Sudáfrica y Corea del Sur también participan en la cumbre como observadores clave. Su objetivo es proteger intereses estratégicos frente a una posible escalada arancelaria estadounidense. Las señales del presidente Trump apuntan a una revisión más agresiva de acuerdos existentes, lo que genera incertidumbre sobre los flujos comerciales globales.
La líder italiana Giorgia Meloni y el canciller alemán Friedrich Merz, junto al nuevo primer ministro británico Keir Starmer, han mantenido una actitud conciliadora con Trump desde su retorno al poder. La intención es evitar el tipo de confrontaciones que en el pasado hicieron de estas cumbres escenarios de fractura y tensiones irreconciliables.
El espectro de cumbres pasadas
Pese a los intentos por calmar el tono, la figura de Trump sigue polarizando. La sombra de anteriores episodios, como la imagen viral de 2018 en la que aparece con los brazos cruzados enfrentando a Angela Merkel, se cierne sobre el evento. Como recuerda Caitlin Welsh, exfuncionaria de cumbres durante su primer mandato, al medio Bloomberg: “no se pueden dar por sentados resultados de consenso en el G7 cuando Trump está en la mesa”.
El G7 de Kananaskis no será recordado por grandes declaraciones ni acuerdos ambiciosos. Su verdadero éxito, al menos según analistas como Josh Lipsky, jefe de economía internacional del think-tank Atlantic Council, radica en evitar el colapso total del diálogo. “El mejor escenario posible es salir sin una ruptura mayor”, dijo a Bloomberg.
Trump, que alguna vez calificó estas reuniones como “pérdida de tiempo”, parece ahora dispuesto a utilizarlas como una vitrina para reafirmar su poder. Los líderes del G7, por su parte, saben que el costo económico de una confrontación con Washington sigue siendo demasiado alto.