Algunas de esas estructuras tienen dimensiones que superan ampliamente los límites de un municipio. La falla de Carboneras se extiende unos 50 kilómetros por tierra y otros 90 bajo el mar hacia el suroeste, mientras que la de Alhama de Murcia alcanza casi 90 kilómetros y está dividida en cuatro segmentos. Por su parte, las de Palomares, Los Tollos, Carrascoy y Bajo Segura se alinean a lo largo de más de cien kilómetros entre Almería y Alicante. Esa continuidad geológica permite comprender por qué el seguimiento del fenómeno abarca tanto el interior como el litoral y el entorno marino.
Ese mapa de fallas explica el contexto en el que se producen los terremotos, pero identificar el origen concreto de cada uno exige un estudio más detallado. La localización de un epicentro señala dónde comenzó el movimiento en su proyección sobre la superficie; no identifica automáticamente la falla responsable. Por eso, al analizar la actividad almeriense conviene distinguir entre la explicación tectónica de la región y las conclusiones que pueden extraerse de un episodio particular.
Tres antecedentes recientes que marcaron la actividad sísmica de Almería
Más allá de los pequeños movimientos registrados estos días, Almería ha vivido episodios de mayor magnitud en los últimos años. Uno de los más recientes ocurrió en Tabernas, la noche del 15 al 16 de febrero de 2026, cuando el IGN detectó un terremoto de magnitud 4,2 con epicentro superficial. El seguimiento posterior contabilizó 56 réplicas hasta el 10 de marzo, la mayoría inferiores a magnitud 2, aunque dos alcanzaron valores de 2,6 y 2,8. Ese balance corresponde a aquella secuencia concreta y muestra cómo un movimiento principal puede dar paso a semanas de seguimiento.
El antecedente de mayor alcance se produjo el 14 de julio de 2025, frente a Cabo de Gata. A las 07:13, un terremoto de magnitud 5,3, localizado en el mar a unos treinta kilómetros al sureste de la costa almeriense y a tres kilómetros de profundidad, se percibió en 586 poblaciones, según el informe posterior del IGN. El organismo lo identificó como el de mayor magnitud registrado en la costa de Almería durante la época instrumental, aunque no constató daños significativos. Hasta el 2 de septiembre había contabilizado 117 réplicas, en su mayoría inferiores a magnitud 3.
Antes, el 2 de septiembre de 2024, otro terremoto de magnitud 3,4 en Adra se había sentido en una decena de municipios de Almería y Granada. Ocurrió a las 10:25, a cinco kilómetros de profundidad, y extendió la percepción del movimiento a ambos lados del límite provincial. Los tres antecedentes permiten dimensionar la diversidad de la actividad almeriense: desde sacudidas de alcance local hasta episodios percibidos a cientos de kilómetros, con efectos que dependen de las características de cada terremoto.
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