El informe del IGN actualizado al 7 de septiembre permite dimensionar lo ocurrido entre ambos episodios y las semanas posteriores: contabilizaba 1.693 terremotos desde el 14 de agosto, de los cuales 150 habían sido sentidos. Los dos mayores alcanzaron intensidades máximas de V-VI en localidades granadinas y fueron percibidos en más de 500 poblaciones. El documento también recoge réplicas de 3,9, 4,2 y 4,0 después del segundo movimiento principal. Son cifras de aquella actualización, no el total acumulado hasta este viernes.
En septiembre hubo otro recordatorio de esa actividad. Urgente24 informó el día 16 de un terremoto de magnitud 3,1, localizado finalmente en Ogíjares y sentido en cerca de treinta localidades, sin consecuencias graves comunicadas. Llegó apenas un día después de que la Junta rebajara el nivel de emergencia. El contraste con agosto permite entender el recorrido de estos meses: hubo jornadas con daños y evacuaciones, otras con sacudidas perceptibles y muchas con movimientos que solo detectaron los instrumentos.
Por eso, el dato de hoy va más allá de dos jornadas consecutivas con registros: Granada lleva meses conviviendo con actividad sísmica de distinta magnitud. Los últimos temblores son pequeños y no reproducen la fuerza de los de agosto. Para determinar si cada uno pertenece a la misma serie o a otras fallas próximas hace falta el análisis del organismo, pero los antecedentes sí permiten explicar por qué la persistencia de movimientos merece seguimiento sin convertirla en un pronóstico de otro terremoto fuerte.
Más terremotos en las noticias: qué muestran los registros mundiales
La sucesión de alertas desde distintos países puede dar la impresión de que el planeta está temblando cada vez más, pero los registros muestran un panorama irregular. Las recopilaciones basadas en el catálogo del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) contabilizan 19 terremotos de magnitud 7 o superior en 2021, 11 en 2022, 19 en 2023, 10 en 2024 y 16 en 2025. Hubo un aumento el último año respecto del anterior, aunque la serie alterna subidas y bajadas: no dibuja un crecimiento sostenido.
La comparación requiere distinguir los grandes episodios de los miles de movimientos pequeños que se detectan diariamente. El USGS explica que la expansión de las redes de vigilancia permite localizar sismos que antes no quedaban registrados, especialmente los de menor magnitud. Por eso, un catálogo con más eventos no demuestra automáticamente que haya aumentado la actividad tectónica: también puede reflejar una mejor cobertura instrumental. Ese cambio resulta especialmente relevante al analizar temblores como los de estas últimas horas en Granada, muchos de ellos demasiado débiles para ser percibidos sin equipos.
También cambió la velocidad con la que llega la información. Las notificaciones automáticas, los mapas públicos y la circulación de imágenes permiten conocer casi de inmediato una sacudida en cualquier región. El organismo estadounidense señala que las mejoras en las comunicaciones y el interés por los desastres naturales hacen que el público se entere de los terremotos más rápidamente que antes. La suma de esos avisos acerca a una misma pantalla episodios distantes, con magnitudes y consecuencias muy diferentes.
Eso no significa que todos los aumentos sean aparentes. Una región puede atravesar una etapa de actividad elevada, con numerosos eventos concentrados en semanas o meses, como documentó el IGN en el entorno de Alhendín durante agosto y septiembre. Lo que debe evitarse es trasladar esa evolución local al conjunto del planeta: una concentración en Granada no demuestra que todas las placas estén acelerándose ni permite conectar automáticamente sus temblores con los de otros continentes.
Para establecer una tendencia mundial hacen falta períodos comparables, un mismo umbral de magnitud y catálogos revisados. El Servicio Geológico Británico sostiene que no hay evidencia de un incremento general sostenido de la frecuencia de los terremotos y advierte que registrar más movimientos pequeños puede distorsionar esa percepción. La explicación combina, por tanto, variaciones reales de la actividad con una capacidad mucho mayor para detectarla y difundirla; la cantidad de noticias, por sí sola, no mide cuánto está cambiando el comportamiento de la Tierra.
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