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Sicario digital: Quiénes son y por qué se volvieron clave para los cárteles

Documentos internos revelan que cada sicario del CJNG cobraba cifras millonarias por vulnerar sistemas federales.

Hay una palabra que, de tanto escucharla, ya casi no impresiona: sicario. Sin embargo, cuando ese término se fusiona con el universo digital, la cosa cambia de color. Porque un sicario digital no ejecuta con armas, sino con código, anonimato y una conexión a internet. Y resulta que el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) lleva un buen tiempo apostando a ese modelo.

Antes de entrar de lleno en los números, conviene entender de qué hablamos cuando hablamos de un sicario digital. Son operadores que actúan desde las sombras de la red: se les contrata para atacar reputaciones, destruir credibilidad y sembrar caos informativo.

Sus herramientas son la difamación, la creación de perfiles falsos, el acoso sistemático en redes sociales y, en los últimos tiempos, la inteligencia artificial aplicada al llamado deepfake, esa tecnología capaz de fabricar imágenes, audios y videos falsos con una precisión que desafía al ojo humano. No disparan, pero pueden arruinar vidas con la misma eficacia.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con uno de los cárteles más peligrosos de México? Bastante más de lo que se podría imaginar. El diario El Universal accedió a lo que se conoce como la "narconómina" del CJNG, un documento contable que registra los pagos realizados a siete hackers durante diciembre del año 2025. El monto total: 630.000 pesos mexicanos.

Narconómina del cártel revela pagos a sicario

Lo que llama la atención no es solo la cifra, sino la estructura. El cártel fundado por Nemesio Oseguera Cervantes, más conocido como El Mencho o El Señor de los Gallos —hoy fallecido— no improvisaba: pagaba sueldos, cubría viáticos, financiaba el mantenimiento de equipos y vehículos. Una organización con área de sistemas propia, básicamente. Las comunicaciones internas se manejaban a través de Threema, una aplicación de mensajería encriptada que dificulta cualquier tipo de rastreo.

Según los registros hallados en una de las cabañas donde el capo se refugiaba, en la primera semana de ese diciembre el cártel desembolsó 250.000 pesos a un solo hacker por sus servicios. En ese mismo período, otro especialista en seguridad informática recibió 244.536 pesos. Estos piratas no solo vulneraban sistemas financieros y dependencias de seguridad federal: también operaban como extorsionadores digitales bajo distintas modalidades, entre ellas el robo de identidad, el fraude de tiempos compartidos, la asistencia técnica falsa y los pagos por adelantado.

Ahora bien, la pregunta que nos hacemos todos es: ¿hasta dónde llega esta red? Lo que El Universal dejó al descubierto es apenas una porción de un engranaje mucho más grande. El crimen organizado encontró en internet un territorio sin fronteras, barato de operar y muy difícil de perseguir. Y mientras las fuerzas de seguridad todavía debaten protocolos, los sicarios digitales ya llevan meses —quizás años— trabajando en silencio, con sueldo fijo y hasta recibo.

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