El equipo que resulta de Fernando Masllorens/Federico González del Pino versionó el guión de cine en lenguaje teatral: ganó 6 premios ACE en todas las categorías artísticas (obra, director y los 4 roles actorales), el suceso teatral del año.
Gustavo Hierro (
LaTaquillaTeatro.com) afirma:
"La ductilidad de Diego Peretti sumado al ángel embriagador de Paola Krum y a la imaginativa mirada de Claudio Tolcachir hacen de la obra un producto de consumo indispensable para los amantes de las buenas comedias."
En el Metropolitan City, una puesta bien al estilo del director Claudio Tolcachir, quien dispuso un escenario expandido hasta el último centímetro, que sobresale sobre la platea, divide por sectores a los diversos ambientes del departamento y –obviamente- carece de telón. El texto fluye con naturalidad entre los actores, en parte como producto del trabajo que hizo el realizador para relacionar a los personajes entre sí y con su entorno.
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Aquí un fragmento:
"(...) -¿En cuánto influye el casting a la calidad final de una obra?
-Mirá, yo tuve mucha suerte. Porque siempre que dirigí una obra, me gustaba. Nunca tuve que dirigir una obra que no me entusiasmara, habré dicho que no a muchas cosas que no me entusiasmaron, pero siempre me quedé con obras que me representaban, me emocionaban, que me representaban un desafío. Y por suerte lo mismo me ha pasado con los elencos. Me ha pasado con Norma Aleandro, Mercedes Morán, Juan Manuel Tenuta, Verónica Llinás, Patricio Contreras, Diego Peretti, Paola Krum… Me han tocado actores maravillosos, que son un lujo, de los que aprendí muchísimo y de los que disfruté la experiencia compartida. Nunca me ha pasado de padecer a una obra ni padecer a un actor. Siempre he tenido experiencias positivas y nutritivas también en el trabajo, es un placer. Y además yo elijo una obra porque me conmueve o me parece interesante, y después cuando empiezo a trabajar con el actor yo trato de que ese personaje tome el cuerpo del actor. No me peleo con la realidad, sino que busco encontrar un parentesco entre ese actor y ese personaje para crear algo nuevo, que les pertenezca, que sea creíble. Y ese sistema va funcionando muy bien, la pasamos bien y logramos trabajos que nos gustan.
-Pero está la química, también. Paola Krum y Diego Peretti nunca habían trabajado juntos, y por suerte funcionó. ¿Hay algo instintivo tuyo en esa elección?
-Mirá, la elección de los actores en el teatro comercial es muy amplia, porque viene del lado del gusto del director, de la producción… En este caso era muy cantado que estos dos actores eran geniales para producir esta obra, y uno los imaginaba juntos. En el caso de Diego, hay un lado que uno conoce de su histrionismo y de su sentido del humor, que es impresionante, pero al mismo tiempo podía darle una profundidad al personaje, una ternura muy linda, muy querible. En el caso de Paola, uno la imagina en zonas de cierta vulnerabilidad, de cierta profundidad, creo que desplegó en este personaje lo contrario. Le sumó un histrionismo, un espíritu de juego y de patetismo muy buenos. Entonces, está bueno para mí cuando una obra permite a los actores por un lado desarrollar sus costados más fuertes, y al mismo tiempo mostrar alguna faceta nueva del trabajo. Así que por suerte, muy rápidamente, ellos se llevaron genial y los cuatro actores fueron maravillosos.
(...) -Ahora te voy a pedir, casi, casi, que nos des “la fórmula de la Coca-Cola.” ¿Cuál es el rasgo que nos permite crear la sensación, veamos la obra que veamos, de que estamos ante una producción de Claudio Tolcachir?
-(Se ríe) De verdad, yo no lo sé. Lo que sí te puedo decir es que uno hace teatro de la misma manera que se comunica en la vida. Uno se comunica con los otros mostrando qué inteligente que es, qué sensible que es, o cuánto humor tiene. Y yo intento tener una comunicación directa, sincera, una comunicación que a mí mismo me atraiga. Y lo mismo busco en el teatro. Yo trato de hacer un teatro que a mí me guste, que me represente, que me conmueva, que me impresione, de todas las formas posibles. Porque para mí el teatro sigue siendo algo muy divertido, tan divertido como puede ser el fútbol, o puede ser cualquier cosa que tenga un peligro y tenga un lugar de compromiso. A mí me gusta imaginar un espectador para nada pasivo, me gusta imaginarlo sudando, y nervioso, y riéndose, y participando y atravesado por la historia. No me interesa un teatro como diríamos culto, lejano, para una élite. Me gusta un teatro que tenga vuelo, que tenga poesía, pero que también tenga un sentido popular. Que cualquier persona que lo vea se pueda sentir identificada y atraída por la historia.
-A esta altura de tu vida personal y profesional, ¿te seguís sintiendo un pibe de Boedo?
-Y, acá vivo. Aquí empezó todo, y aquí sigue todo. Yo acá, hasta hace un ratito, estuve dando clase en Timbre4, que es nuestro lugar de alimento donde todos nos sentimos protegidos y probamos y buscamos cosas con un grupo con el que llevamos muchos años trabajando y seguimos buscando, y seguimos creciendo. Para mí, el tema de las clases es algo necesario, porque es donde te refrescás, el lugar del laboratorio, el lugar donde te encontrás con nuevos desafíos y nuevos autores, nuevos actores que te emocionan mucho, porque salen de tu escuela y son talentosísimos… Sí, a mí no me cambia nada, soy más feliz cuando las cosas van bien, sufro más cuando las cosas cuestan, pero en el fondo sé que es un trabajo, tengo el privilegio de vivir de lo que me gusta y de poder elegir bastante mi trabajo, trato de hacerlo lo mejor posible y no me creo nada más que eso. (...)".