Las cualidades asociativas de Driussi, que no adquiere un rol de 9 posicional sino que suele salir de su zona, permitían conectar al equipo a través del delantero. Sus movimientos lo acercaban a Colidio por un lado, a Mastantuono por el otro, o a los volantes que llegaran a la frontal del área. Gallardo sonreía; el refuerzo que había pedido, comenzaba a rendir.
En el banco quedaba Miguel Borja, que ha perdido consideración de manera significativa desde el regreso del Muñeco a Núñez. Su bajo rendimiento se amalgama con una falta de confianza lógica generada por la poca productividad y porque no lograr satisfacer al DT.
Para ensamblar las partes de su sistema ideal, Gallardo necesita otro tipo de jugadores. Distintos a Borja. Driussi ya demostró que puede ofrecerle variantes colectivas. Borja, más posicional y menos versátil para cumplir otras tareas que no sean las de su zona de confort (el área), corre muy por detrás.
Salas, cuota de intensidad y soluciones
Por eso la llegada de Maxi Salas. El futbolista llegó desde Racing para aportar atributos que, hasta el momento, no existían en la fase ofensiva de River. Por eso, con su lesión, el Millonario se ve resentido en las alternativas que le daba Salas al ataque; más aun, alternativas a las cuales empezaba a acostumbrarse.
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Salas, potencia en el Millonario
@RiverPlate
El perfil de Salas es uno batallador, de altos niveles de entrega desde lo físico. Eso no solo provoca efectos desde lo futbolístico, sino que además puede ser un poderoso estimulante para sus compañeros en el factor anímico. Con esas aptitudes, Salas logra matizar bastante bien sus carencias técnicas. No es un jugador que se destaque por su fineza con la pelota o que posea gran inventiva o creatividad. En contextos de posesión prolongada, de hecho, puede quedar expuesto.
Las limitaciones de Salas son claras. Pero Gallardo buscaba otra cosa: presión, intensidad en el ataque, rupturas. Y eso Salas se lo da. Para lograr ese River que quiere, veloz, mordaz, necesita de estas características. Para presionar alto, robar rápido la pelota y asfixiar a sus rivales, el ex Racing puede ser un enclave justo.
Salas corre, choca, incomoda, y obliga a los defensores rivales a tomar decisiones apresuradas. En un equipo que muchas veces necesita recuperar alto para sostener su dominio, su rol se puede ser fundamental.
Además, aporta una cuota de autosuficiencia que siempre es muy bienvenida en un delantero. El Racing de Gustavo Costas hacía un culto a la autosuficiencia de Salas y de Maravilla Martínez, conformando una dupla explosiva que no necesitaba de jugadas asociadas o de un sistema creativo que le ofreciera situaciones claras de gol: ellos generaban sus propios contextos.
Un jugador así, en un River que muchas veces se topa con una seria falta de ideas (contra San Lorenzo volvió a suceder), puede solucionar muchos aprietos. Franco Mastantuono, con su vertiginoso ascenso en poco tiempo, logró suplir insolvencias. Su partida obliga a seguir barajando.
Maxi Salas parece ser una pieza interesante en el armado del entrenador. Tal es así que llegó a River y, con pocos entrenamientos encima, el Muñeco le dio la titularidad. Con su lesión, el Millonario pierde un futbolista importante. Con Driussi ganará cohesión entre las piezas, calidad técnica y un cerebro más pensante en los ataques del equipo.
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