En cuanto a las muestras recogidas dos meses después de la segunda dosis, los investigadores comprobaron que la respuesta de los anticuerpos disminuía cerca de un 20%.
Vacuna + infección
Otro de los factores en continúa investigación desde el comienzo de la pandemia, es el nivel de anticuerpos entre los que han sido vacunados y tuvieron una infección previa por COVID-19 en comparación a los que no han cursado la enfermedad.
En este sentido, los investigadores estadounidenses también descubrieron que la respuesta de los anticuerpos a la vacunación variaba según el historial de coronavirus: los que habían pasado por la enfermedad con síntomas moderados tenían un nivel de respuesta inmune mucho más elevada que los que habían dado positivo, pero habían sido asintomáticos o tuvieron síntomas leves.
El hallazgo es importante porque muestra que la exposición previa al SARS-CoV-2 no garantiza un nivel alto de anticuerpos, ni una respuesta robusta de anticuerpos a la primera dosis de la vacuna.
Un año y medio de pandemia después, algunas personas aún creen que la exposición al SARS-CoV-2 evita la reinfección. Sin embargo, las nuevas variantes emergentes y de preocupación han demostrado que dicha protección no es suficiente.
El énfasis está puesto en quienes han cursado infecciones leves o asintomáticas, ya que su respuesta de anticuerpos a la vacunación es esencialmente la misma que la de personas que no han estado expuestas previamente.
El estudio que demostró la reducción de la protección de Pfizer y Moderna se realizó antes de la aparición y propagación de la variante Delta, altamente contagiosa, aunque las conclusiones se pueden extrapolar, según consideran los autores.
En síntesis, todas las vacunas protegen contra la enfermedad grave, la hospitalización y la muerte. No obstante, han sido diseñadas en función de la versión original del virus por lo que, con el surgimiento de las nuevas variantes, la protección es ligeramente menor y mayor la vulnerabilidad.