Los clichés de las películas y las series perfilan a hackers o piratas informáticos como seres carentes de emoción con una severa ansiedad social, envueltos en una sudadera oscura con la capucha puesta (Y el Mr. Robot de Rami Malek tuvo mucho que ver con esto). La realidad es que un hacker, en la mayoría de los casos, es más un cracker que otra cosa. Un cracker no pierde horas rompiendo una contraseña con un complejísimo código, sino que simplemente llaman por teléfono a un empleado del soporte técnico. Ellos entrenan las habilidades sociales para realizar acciones maliciosas.
Las formas de ataque pueden ser tanto físicos como psicosociales, pero el uso de ambos es de forma coordinada: El ataque físico le permite al cracker medir los recursos con los que realizará el ataque, pero el segundo es el que permite engañar a la víctima. Los más utilizados son:
- Vía teléfono: La forma más eficaz para evitar expresiones faciales y optimizar recursos, porque sólo se necesita un teléfono. El perpetrador se hace pasar por otra persona llamando a la víctima, como un operador o un técnico de soporte de la organización a atacar.
- Via internet: Forma igualmente efectiva debido a la interconectividad de las organizaciones. Este suele realizarse desde un correo electrónico infectado u obteniendo información con phishing (correos con información falsa que redirigen al usuario a una web donde ofrece información sensible sin saberlo) o inclusive conversando con personas específicas en salas de chat, servicios de mensajería o foros.
- Cara a cara: El método más complicado de realizar porque requiere un gran despliegue de habilidades sociales para seleccionar a la víctima, pero es el más eficiente. Las personas con un perfil más inocente suelen ser los blancos más susceptibles para las artimañas de la ingeniería social.
Dentro de las estrategias psicosociales, los recursos de un perpetrador suelen ser los siguientes:
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Exploit de familiaridad: Esta táctica se basa en aprovechar la confianza que la gente tiene en sus amigos y familiares, haciéndose pasar por cualquiera de ellos. La lógica de esta estrategia se utiliza mucho en los secuestros virtuales, donde un hostigador se hace pasar por un familiar o amigo que parece estar desesperado, y donde entabla una discusión ficticia para generar un estado de shock a la víctima y que haga lo que él desee.
- Crear una situación hostil: Por regla general, los humanos evitan el conflicto e intentan ser resolutivos ante éste, por eso es que se procura alejarse de quienes parecen estar locos o enojados. Crear una situación hostil es una forma de distracción muy útil para que un perpetrador pueda cumplir su objetivo en segundo plano.
- Leer el lenguaje corporal: Las habilidades sociales permiten entender el perfil de una persona mediante la comunicación no verbal, por lo que un perpetrador puede usarlo en su favor. Un ingeniero social experimentado puede responder al lenguaje corporal para conectarse con la persona que debe engañar y así manipularla mediante estímulos controlados. Si el interlocutor imita los gestos del perpetrador, es muy probable que se encuentre reconfortada y vulnerable para ser atacada sin que se de cuenta.
Cómo defenderse de la ingeniería social
Ante todo, ser conscientes de que nuestros datos son el bien más preciado en esta era digital, eso materializa la necesidad de proteger nuestro perfil. Es menester entender que nunca hay que divulgar información sensible (redes sociales, cuentas de cualquier tipo, contraseñas) a desconocidos o en lugares públicos. Acostumbrarse a exigir identificaciones ante la sospecha de un engaño, para revertir el control de la situación. Esto nos permitirá obtener la mayor cantidad posible de información del sospechoso. Sobre todo, como usuarios, debemos evitar las redirecciones de correos de los que sospechemos su procedencia, o cuyas direcciones provengan de orígenes dudosos.
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