La situación fue similar en el País Vasco. Osakidetza examinó a cerca de 60 personas, con 37 ingresos por urgencias hospitalarias y otras 22 evaluaciones en atención primaria. Todos los cuadros fueron clasificados como leves o muy leves, aunque algunos pacientes quedaron derivados a controles oftalmológicos para seguir su evolución. Murcia sumó otras 32 asistencias sin gravedad, Navarra contabilizó alrededor de seis y Aragón recibió cuatro llamados que pudieron resolverse mediante orientación telefónica.
Los primeros datos ofrecen así una imagen menos alarmante que el número general: hubo un fuerte aumento de la demanda médica, pero muy pocos diagnósticos severos. Aun así, los especialistas evitan dar el episodio por cerrado porque el daño retinal puede aparecer de manera tardía y sin una molestia previa que funcione como advertencia. Por eso, la clave ya no pasa por cuánto duele el ojo, sino por detectar si algo cambió en la forma de ver.
Las señales que aparecen cuando el daño no duele
La retinopatía solar no suele anunciarse con ardor ni con una punzada inmediata. El Ministerio de Sanidad advierte que la lesión puede producirse sin dolor, mientras la Academia Americana de Oftalmología señala que sus manifestaciones aparecen habitualmente durante las horas posteriores a la exposición. La Sociedad Española de Oftalmología amplía esa ventana y alerta de que algunas personas pueden descubrirlas horas o incluso días después. Haber terminado el eclipse viendo con aparente normalidad, por lo tanto, no descarta el problema.
La principal pista suele encontrarse en el centro de la imagen. Puede aparecer una mancha gris, negra o borrosa que permanece fija allí donde se dirige la mirada, fenómeno conocido como escotoma. También es posible perder nitidez, notar que las letras desaparecen al leer, ver una línea recta ondulada o deformada, percibir los objetos más pequeños de lo habitual o distinguir los colores con menor intensidad. La sensibilidad excesiva a la luz completa el grupo de síntomas reconocido por Sanidad. La alteración puede afectar a un solo ojo, aunque se presenta con mayor frecuencia en ambos.
Los visores homologados con la norma EN ISO 12312-2 y el marcado CE son los únicos adecuados para observar directamente el fenómeno.
FOTO: INA FASSBENDER / AFP
Una comprobación orientativa consiste en cubrir cada ojo por separado, sin presionarlo, y observar el mismo texto o una superficie con líneas rectas, como el marco de una puerta o las juntas de unos azulejos. Si una zona parece ausente, oscura, torcida o desenfocada solamente con uno de los ojos, corresponde solicitar una valoración profesional. Esta prueba casera puede ayudar a identificar una diferencia que había pasado inadvertida, pero no permite confirmar ni descartar una lesión retinal.
El diagnóstico requiere examinar el fondo del ojo y, ante la sospecha, realizar una tomografía de coherencia óptica (OCT), una imagen de alta precisión que permite detectar alteraciones en las capas externas de la retina. Actualmente no existe un tratamiento específico con eficacia demostrada para reparar este daño. Muchos pacientes recuperan buena parte de la agudeza visual espontáneamente durante los siguientes tres a seis meses, pero la mancha central o la distorsión pueden permanecer de forma definitiva. Por eso, ante cualquier cambio persistente después de haber mirado el Sol, la recomendación oficial es acudir cuanto antes a un hospital con servicio de Oftalmología y no esperar a que aparezca dolor.
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