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Lo que más aprendimos en la pandemia: Lavado de Manos

Día Mundial del Lavado de Manos, práctica higiénica que fue revalorizada y popularizada durante la pandemia por COVID-19, que no debe perderse.

Incorporar la práctica del lavado de manos con agua y jabón en todos los hogares del mundo podría salvar más vidas que cualquier intervención médica. Por este motivo, en 2008, la Asamblea General de Naciones Unidas decidió declarar el 15/10 como el Día Mundial del Lavado de Manos para concientizar sobre la importancia de esa práctica efectiva y económica, que puede prevenir enfermedades infecciosas y salvar vidas.

Uno de los hábitos que más se ha promovido en el mundo es el lavado o la higiene de manos, como parte esencial de una cultura de autocuidado y prevención.

Sin embargo, hasta el año 2020, a raíz de la pandemia por COVID-19, no se masificó esta sana costumbre, que entonces se convirtió en protagonista de los medios de comunicación y redes sociales, y en una recomendación imprescindible en diversos espacios sociales, laborales y familiares.

Llamado hoy: la pandemia no ha finalizado

El lavado de manos salva vidas, es la medida más económica, sencilla y eficaz para reducir el riesgo de infecciones y hace parte de las recomendaciones en la lucha contra la resistencia antimicrobiana (RAM), una de las 10 principales amenazas para la salud pública a las que se enfrenta la humanidad.

La ciencia, la investigación y los datos estadísticos respaldan esta medida. Las manos se convierten en vehículo y mecanismo de transmisión por contacto para diversos microorganismos. Por ejemplo, cuando una persona tiene gripe y tose puede ‘lanzar’ al ambiente hasta 3.000 gotas de secreciones y en ellas pueden estar diversos tipos de gérmenes, que pueden sobrevivir hasta 30 horas en superficies o fómites, dependiendo del material del que estén hechos y del tipo de microorganismo.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año mueren 840.000 personas, principalmente en países en vías de desarrollo, por enfermedades que se podrían evitar con el simple gesto de lavarse las manos. Y es que lavarse las manos con jabón es una de las maneras más efectivas y económicas de prevenir enfermedades diarreicas y neumonías. Estas son responsables de que cada año más de 3 millones de niños no alcancen los 5 años de vida.

El lavado de manos con agua y jabón reduce en un 25% las infecciones respiratorias. Ejemplos como la gripe, la bronquiolitis, la tosferina, el SRAS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) o la neumonía, que mata a un niño cada 15 segundos en el mundo; y en un 50%, las diarreas infantiles, que anualmente provocan la muerte a más de 500.000 niños. Además, la diarrea aumenta la posibilidad de que los niños sufran desnutrición crónica, lo que suele retrasar su crecimiento.

En el campo de la atención en salud también se ha documentado que es posible que se transmita una infección indirectamente al tocar objetos contaminados con microorganismos procedentes de un paciente infectado (por ejemplo, estetoscopios o termómetros) o superficies del entorno del paciente (como barandales de las camas) y, posteriormente, transmitirla a otros pacientes e incluso al mismo personal de salud.

El lavado de manos, hecho hábito entre los humanos, es una forma de autocuidado y de cuidado de nuestros semejantes, por tanto es una práctica social que merece ser culturizada.

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