Por ejemplo, en Nueva York, alrededor del aeropuerto LaGuardia, el hundimiento es más rápido que en el resto de la ciudad, y en zonas como San Francisco o Washington, D.C. también se detectaron zonas de hundimiento localizadas. Las consecuencias de estos movimientos desiguales son tilteo de edificios y daños a carreteras y vías de ferrocarriles. Este tipo de deformación del terreno fue uno de los factores que contribuyó al colapso de un edificio en Miami en 2021.
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El hundimiento desigual genera deformaciones en el suelo que pueden afectar edificios y calles; unas 29.000 estructuras están en riesgo y se proponen medidas urgentes para evitar desastres mayores.
Además, el hundimiento de las tierras puede generar lo que los investigadores llaman un "bolsón de subsistencia", donde el agua de lluvia queda atrapada, aumentando el riesgo de inundaciones urbanas. "Antes, cuando el terreno era plano, el agua fluía de un lugar a otro sin problemas, pero ahora, con el suelo hundido, se queda atrapada, y eso genera grandes problemas", explica Ohenhen. Este fenómeno se puede observar en ciudades como Chicago, Portland, Indianápolis y Nashville, que también están lidiando con inundaciones más frecuentes debido al hundimiento del suelo.
Lo que más preocupa a los expertos es que 29.000 edificios en las 28 ciudades estudiadas están ubicados en áreas donde el riesgo de hundimiento es alto. Esto no quiere decir que todos estos edificios vayan a colapsar, pero sí hay una probabilidad mucho mayor de daños estructurales. En ciudades como San Antonio o Austin, por ejemplo, se estima que 1 de cada 45 edificios está en una zona de alto riesgo.
¿Qué se puede hacer?
El estudio propone algunas soluciones para mitigar el impacto del hundimiento. Una de las principales es elevar el terreno en áreas vulnerables para prevenir inundaciones, mejorar los sistemas de drenaje y crear infraestructura verde que ayude a absorber las aguas de lluvia. Además, es fundamental que las ciudades actualicen sus códigos de construcción para adaptarse a los movimientos del suelo y que se limite la construcción en las zonas más afectadas.
La clave, según Ohenhen, es que las ciudades actúen rápidamente: "En lugar de solo reconocer el problema, hay que responder, adaptarse y buscar soluciones". Es fundamental que se realicen estudios más detallados para saber con exactitud en qué zonas es más urgente intervenir y cómo se pueden aplicar medidas eficaces.
Este estudio, realizado en colaboración con instituciones como Virginia Tech, la Universidad de California en Berkeley y la Universidad de Colorado, debería servir como una alerta para todas las ciudades del mundo, no solamente las más grandes, para enfrentar este problema que afecta a la infraestructura urbana y, por supuesto, la calidad de vida de sus habitantes.
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