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Si el temor al posible desarrollo nuclear nazi unió a la comunidad científica internacional para engendrar la bomba atómica, ¿por qué no lo hace la amenaza existencial que supone el cambio climático?
La crisis climática evidenciada en los desastres ecológicos recientes y cada vez más frecuentes -desde olas de calor insólitas hasta inundaciones, sequías, incendios forestales- supone una amenaza existencial para la humanidad.
Y el panorama no es muy esperanzador tras las cumbres internacionales fallidas, promesas rotas, hipocresía de los gobiernos de todo el mundo y escasa cooperación científica global.
En ese contexto, científicos franceses clamaron por la implementación de un centro de investigación e innovación no para diezmar ciudades y deshacer el mundo sino para evitar su destrucción.
En una columna en el diario Le Monde sostuvieron que así como con el Proyecto Manhattan, que abrazó la ciencia más avanzada de la época y logró su industrialización a gran escala, el hombre logró tales hazañas para la destrucción, “también puede ser capaz de aquellas para el bien común en tiempos de paz”.
En la misiva, Alain Aspect, físico, premio Nobel, Academia de Ciencias; Lydéric Bocquet, físico, Academia de Ciencias; Patricia Crifo, economista; François Gemenne, politólogo y demás científicos transmitieron su preocupación ante el estancamiento de estudios y retraso en tecnologías estratégicas para combatir el cambio climático.
Por ello proponen limitar este calentamiento a través de una transición climática, el mayor desafío de la historia de la humanidad, que importaría una nueva organización colectiva y, una profunda transformación de nuestras herramientas técnicas e industriales:
“Descarbonizar los procesos energéticos, físicos, químicos y agrícolas que sustentan el mundo industrializado para evitar millones de muertes: esta es nuestra responsabilidad histórica”.
Como argumento citan a la Agencia Internacional de la Energía (AIE) que advierte: el 40% de las tecnologías necesarias para la transición medioambiental no se encuentran en un nivel de madurez suficiente. Todas aquellas tecnologías son experimentales y las usan pocos científicos con recursos modestos.
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La transformación ecológica es vital para evitar millones de muertes y la condena de las próximas generaciones.
Lejos de contribuir a la transición, los gobiernos siguen aumentado las emisiones de carbono. Y los hallazgos favorables para aquella casi nunca se traducen en obras. “Es imperativo combinar rápidos avances científicos con transformaciones industriales masivas”, reclaman.
Como modelo toman el CERN, la mayor organización europea para la investigación nuclear y prototipo de colaboración científica internacional, que ha dado lugar a organizaciones con competencias que van desde la astronomía hasta la biología y cuya principal misión es descubrir de qué está hecho el universo y cómo funciona a partir de la fraternidad global para ampliar las fronteras de la ciencia y la tecnología en beneficio de todos.
“Colaborará con toda la red académica e industrial internacional, incluidos los países emergentes y menos avanzados, y actuará como un centro científico y tecnológico abierto. Este centro reunirá a los mejores científicos e ingenieros con los medios para avanzar rápidamente”.
“Todas las investigaciones se orientarán, en particular, hacia el desarrollo de procesos libres de carbono y su rápido despliegue a gran escala, trasladándolos de los laboratorios a industrias capaces de implementar la transición. Para alcanzar los objetivos de neutralidad de carbono en 2050 previstos por la COP21”.
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El exitoso CERN es el espejo en el que pretende reflejarse este proyecto climático.
“Ante la emergencia climática, pedimos que este proyecto se ponga en marcha sin demora, proporcionando un presupuesto inicial de mil millones de euros. Esta inversión en investigación y tecnología debería compararse con los 70 mil millones o 66 mil millones estimados (incluidos entre 30 mil y 35 mil millones en inversiones públicas) necesarios para la transición francesa cada año, según los economistas Jean Pisani-Ferry y Selma Mahfouz”.
“Se trata de un coste ínfimo en comparación con los daños gigantescos que los peligros climáticos ya están generando y que nos están llevando hacia un mundo no asegurable. Además, esta inversión, vital para las generaciones futuras, constituye una ventaja decisiva para la soberanía industrial francesa y europea”.
“Queremos creer que aún es posible unir a las naciones, particularmente a las europeas, para la preservación del planeta. Los medios humanos y técnicos para liderar la transición existen”.
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