Crearon redes de donación de repuestos entre propietarios, un "hospital AIBO" para reparaciones comunitarias, y en Japón organizaron funerales colectivos en templos budistas centenarios para despedir a sus mascotas mecánicas.
"No cabe duda de que mucha gente acabará teniendo este tipo de máquinas en sus casas y desarrollará un vínculo emocional real con ellas", dijo Darling.
Por qué la ternura es una vulnerabilidad
El argumento central del artículo del WSJ, escrito por Ryan Calo, investigador de robótica y derecho en la Universidad de Washington, es que el diseño adorable no es inocente. Es una estrategia que tiene consecuencias concretas.
La primera es de seguridad técnica. Un robot conectado a internet que se mueve por tu casa y registra información sobre tu familia es un dispositivo hackeable.
Investigaciones de 2009 ya demostraron que robots domésticos conectados podían ser vulnerados de forma remota. La incorporación de IA en los modelos actuales agrava esas vulnerabilidades, no las reduce.
The Familiar dice operar localmente por defecto y pedir permiso antes de conectarse a internet, pero eso es una promesa de diseño, no una garantía técnica permanente.
La segunda vulnerabilidad es más sutil. Woodrow Hartzog, profesor de Derecho e Informática en la Universidad Northeastern, lo resume así: "Estas son máquinas de fabricar vulnerabilidades. Aunque sepamos que nuestro compañero es solo un robot, eso no impide que seamos manipulados."
El problema de que otra empresa controle a tu mascota
Hay un riesgo y es ¿qué pasa si la empresa que fabrica el robot quiebra?
No es un escenario hipotético. iRobot, la empresa que Angle dirigió durante tres décadas antes de fundar Familiar Machines & Magic, se declaró en bancarrota el año pasado después de que las autoridades europeas bloquearan su adquisición por Amazon.
Si algo así le pasara a la empresa detrás de The Familiar, los dueños quedarían con una mascota robótica sin soporte, sin actualizaciones y potencialmente sin funcionar, igual que los dueños del AIBO en 2016.
El modelo de negocio también merece atención. Un robot que aprende sobre vos, que registra tus rutinas y que está conectado a redes de aprendizaje automático tiene acceso a información mucho más sensible que cualquier otra tecnología que tengas en casa.
Las promesas de privacidad pueden ser sinceras. Pero como señala Calo, alguien más diseñó ese robot y alguien más lo controla.
Los robots que están llegando a nuestras casas no quieren conquistarnos. Quieren acompañarnos, hacernos reír, seguirnos de habitación en habitación y convertirse en una presencia cotidiana.
Y tal vez esa sea precisamente la razón por la que vale la pena prestarles atención.
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