Si bien los médicos lo conocen hace algún tiempo, la mayoría no sabe qué hacer al respecto. La medicina moderna ha adoptado en gran medida el enfoque de fingir que el problema no existe.
Sin embargo, esto puede estar a punto de cambiar. En enero, se publicó un importante estudio que demostró que el EBV está implicado en la esclerosis múltiple (EM), una enfermedad autoinmune incurable que afecta al sistema nervioso central.
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La mononucleosis es una infección popularizada como “enfermedad del beso” porque se trasmite por saliva. Es provocada por el virus Epstein-Barr y puede causar fatiga, fiebre, sarpullido e inflamación de glándulas inflamadas.
¿Por qué algunos se enferman y otros no?
La mayoría de las personas puede convivir con el virus sin saberlo y nunca desarrollar cánceres ni esclerosis múltiple. Pero para algunos, la infección se convierte en una vía hacia una enfermedad crónica.
La respuesta está en el delicado equilibrio entre el virus y el sistema inmunitario. Si el cuerpo le permite replicarse sin control, puede moverse a otros tejidos y causar daños.
De hecho, un ejemplo reciente de esto son algunos casos de COVID persistente. “Parece claro que la reactivación del EBV podría desempeñar un papel en las consecuencias a largo plazo de la infección por Sars-CoV-2”, dijo Jeff Gold, investigador de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En cuanto a la esclerosis múltiple, se estima que la presencia del virus en el sistema nervioso central induce una reacción autoinmune, por lo que el cuerpo ataca sus propias células y lleva a una degeneración progresiva.
Con respecto al cáncer, los factores son una mezcla más compleja de genética y disfunción inmunológica. También se cree que las posibilidades de que esto suceda pueden aumentar debido a ciertos factores del estilo de vida.
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El 95% de las personas convive con el virus sin saberlo y la mayoría nunca va a desarrollar cáncer o esclerosis múltiple.
¿Deberemos vacunarnos contra Epstein-Barr?
Cuando la conexión entre el Epstein-Barr y ciertos tipos de cáncer comenzó a surgir en la década de 1970, Balfour se centró en desarrollar una vacuna para evitar que las personas se infectaran.
Durante los siguientes 30 años, sus esfuerzos se vieron frustrados repetidamente a medida que las compañías farmacéuticas consideraban que el enfoque no sería rentable.
Pero el desarrollo de la tecnología de vacunas de ARN mensajero en los últimos dos años de pandemia, más baratas y fáciles de producir, dio un nuevo impulso para llevar una vacuna de este tipo al mercado.
Como justifica Balfour, "creo que la evidencia ahora es muy muy sólida de que Epstein-Barr es necesario para la esclerosis múltiple. Si quitas el EBV, no te da esclerosis múltiple”.
Tras años de escaso progreso, ahora hay tres fórmulas en carrera:
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Moderna está realizando ensayos clínicos de fase 1 en 15 centros de USA.
- El Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de USA está trabajando en una inyección propia.
- Y, por supuesto, el laboratorio de Balfour está estudiando un inoculante.
Todavía hay muchas preguntas. Primero se necesita un estudio grande que demuestre que alguna de aquellas vacunas previenen la esclerosis múltiple y la mononucleosis. También se necesitará saber si evitará que el virus se aloje en el cuerpo y, en efecto, si prevendrá cánceres.
Sin embargo, para Balfour hay una sensación de aliento de que finalmente se está logrando un progreso en un área que ha sido muy descuidada durante tanto tiempo.
Ahora la gente se está replanteando el valor de una vacuna contra el Epstein-Barr, ya que hemos visto que es mucho mejor no infectarse en absoluto Ahora la gente se está replanteando el valor de una vacuna contra el Epstein-Barr, ya que hemos visto que es mucho mejor no infectarse en absoluto
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Luego de la publicación del estudio que vinculó que virus Epstein-Barr con la esclerosis múltiple, las farmacéuticas comenzaron a interesarse más en producir una vacuna.
Fuente: The Guardian